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domingo, junio 05, 2011

a visit to the tower of song, un post sobre l. cohen

1.
El canadiense errante tiene una canción de Juana de Arco que funciona como poema místico. En ella, una voz gruesa, nos cuenta una historia. Imagínate, me imagino que dice, las llamas están siguiendo a Juana de Arco, mientras viene corriendo en su caballo. No moon to keep her armour bright, no man to get her through this very smoky night . Ella, atada al árbol adulterado. La gente gritando a su alrededor. Las llamas encendiéndose. Entonces, she said, “I’m tired of the war, I want the kind of work I had before, a wedding dress or something white, to wear upon my swollen apetite”.
Me imagino que ella columpea su cabeza de lado a lado, y cierra los ojos brevemente. Acto seguido, escucha la voz: me alegra oírte hablar así, dice, sabes que te he visto correr día a día, y algo en mí busca vencerte, a ti, lonesome heroine. ¿Quién eres?, pregunta Juana, al que está debajo del fuego.
“Pues, soy fuego”, responden las llamadas, “and I love your solitude, I love your pride.”

Juana lo mira y le sonríe. Vuelve a cerrar los ojos, y decide dejarse ir. Alguien, por fin, la quiere. Entonces, “Fuego”, dice ella, “haz de tu cuerpo un poco más frío, que te entregaré el mío, para que me aguantes”. Y, diciendo esto, she climbed inside, to be his only bride, and deep into his fiery heart, he took the dust of Joan of Arc, and high above the wedding guests, he hung the ashes of her wedding dress.
Estando allí, en lo profundo de su corazón ardiente, nuestra guerrera mística entendió, que si él era el Fuego, entonces ella debió hacer sido siempre madera. Y repite, if he was fire, oh then, she must be wood.
Y desde el público, el canadiense errante, que sufre por esa necesidad de querer conocer el amor y la luz, el amor de algo más grande, la ve quemar, la ve llorar, y eleva la pregunta, antes de tararear lleno de dolor, myself I long for love and light, but must it come so cruel, and oh so bright?

2.
Conocí a Leonard Cohen un verano del dos mil siete, creo. Hacía calor y tenía dos trabajos. El primero era en la Universidad de Puerto Rico. En la biblioteca de Música. El segundo en Guaynabo, en una oficina demasiado pequeña de Santillana, barajeando archivos de derechos de autor, entre otras labores mal pagadas. El cubo-oficina lo compartía con tres personas más: mi jefa inmediata, una muchacha linda de nombre M., y Enrique, al que algunos le decían Honduras.
Esos días los vivía en Santa Rita. Primero, en un apartamentucho de tercera, que tenía un balcón de primera. Idealmente localizado entre la calle Manila y la Jorge Romany. Después, pasé a un apartamento en lo que le solían llamar Villa Panties. La fecha de expiración de mi contrato de vivienda coordinó perfectamente con el regreso de mi novia de esos entonces a su pueblo. Por lo cual me dejó las llaves de su apartamento por un tiempo.
Mis días eran bastante predecibles. Me levantaba, esperaba entre cinco minutos a una hora en una parada de la AMA. Tomaba el bus. Llegaba a Guaynabo. Me preparaba un café de maquinita. Subía y leía en lo que llegaba la jefa.
Todavía puedo hacer una lista de los textos leídos en ese primer mes del verano: Rayuela, A moveable feast de Hemingway, La mujer en las dunas de Kobo Abe, No todas las suecas son rubias, Exquisito Cadaver de Rafah Acevedo, y a Oliverio Girondo (mucho Girondo).
A veces, cuando salía, Enrique me ofrecía llevarme a la estación del tren urbano. Su carro estaba a punto de caerse en pedazos. No tenía acondicionador de aire. Hacía ruidos al doblar a la derecha. Olía a alfombras quemadas. Un día, tomó un disco, un disco grabado, sin caratula, sin escritura, dorado, y lo empujó dentro del tocadiscos.
“Escucha a este hombre”, dijo, “es dios”.

3.

Hay otra canción de Cohen, en la que el canadiense está doblado sobre su escritorio en Nueva York, son las cuatro de la mañana, y mira por la ventana. Diciembre está acabándose, y nieva un poco. Desde donde está, escucha música en la calle Clinton. En la carta, le escribe:
He escuchado que estás construyendo una casa en lo hondo del desierto. Que vives por nada ahora. Espero que estés manteniendo algún tipo de récord. Sí, Jane llegó un día con un rizo de tu cabello. Me dijo que se lo diste la noche que decidiste irte, salir en blanco.
¿Llegaste a salir en blanco alguna vez?
Ah, la última vez que te vimos te veías mucho más viejo. Tu famosa chaqueta azul estaba rota en el hombro. Habías ido a la estación para esperar a todos los trenes. Pero regresaste a casa con las manos vacías.
Entonces, Cohen se detiene un momento, se lleva al bolígrafo a los labios, y lo sigue con un trago de su vodka. Se acomoda la colcha por encima de sus hombros. Lanza un vistazo al cuerpo que duerme en la cama y regresa a la carta. No escribe nada por un momento, piensa, ¿cómo decirle que trató a mi mujer como si de su vida se tratase? ¿cómo decirle que cuando me la regresó era la esposa de nadie?. Menea la cabeza, regresa el bolígrafo al papel:
Ella te envía saludos, mi hermano, mi asesino. What can I possibly say? I guess that I miss you, I guess I forgive you, I’m glad you stood in my way. If you ever come here, for Jane or for me. Your enemy is sleeping, and his woman is free.
Sí, supongo que te doy las gracias, por haberle quitado el dolor de sus ojos. Yo ya me había rendido, pensaba que estaba ahí fijado para siempre, por eso nunca intenté.
Y Jane regresó con un rizo de tu cabello. Me dijo que se lo diste la noche que decidiste irte, salir en blanco.
Sincerely, L. Cohen.

4.

A la semana de haber llegado Atlanta, anunciaron que Cohen tocaría en el Fox Theater en dos meses. La taquilla costaba alrededor de ochenta dólares. Yo tenía cincuenta en mi cuenta, pero fui al banco, abrí una tarjeta de crédito, con la única misión de comprar el boleto. Eso hice.
Dos meses más tarde, estaba en un bar esperando que dieran las ocho de la noche. Llegué dos horas antes del show. Me bebí cinco cervezas, por mi cuenta, y releí pedazos de La mujer en las dunas. Por nostalgia. Cuando entré al show, se me acercó un ujier y me preguntó si estaba solo. Le dije que sí. Me dijo entonces, que si quería, me podía mover a la tercera fila. Que tenían dos asientos libres y le darían upgrade a dos personas que estuviesen solas.
En la tercera fila, me senté al lado de una mujer mayor. Debía estar alrededor de los sesenta años tardíos. Justo antes de que comenzara, la mujer me miró, me sonrió, y me preguntó, “¿Cómo conociste a Cohen?”
Le conté esto mismo que a ustedes. Ella, con su voz balanceada en una cuerda entre débil y ruda, me dijo que ella lo conoció cuando entró a la universidad, antes de que fuera músico. Lo conoció como poeta, me dijo, y se enamoró. Había bajado “de las montañas”, para estudiar en la ciudad. Allá arriba, aclaró, era la mejor bailarina de su pequeño pueblo. Al llegar a la universidad, descubrió que era nada, me dijo, y rió. Durante esos días se dio cuenta que todo lo que aprendió en los pasados dieciséis años de su vida había sido material desechable. Y, en esa primera depresión, alguien le regaló “Let’s compare mythologies”, de Cohen, y todo cambió. Le dije que nunca había leído su poesía. O sus novelas. Me dijo que lo hiciera, aunque no eran excelentes. Te voy a contar algo que no le cuento a muchas personas, me dijo. En esos días, yo vivía con una compañera de casa que era pintora. Ella también estaba enamorada de Cohen….
Entonces, Rita me contó su vida. Me contó, durante una hora, cómo intentó escribir poesía, cómo ella y su amiga condujeron hasta Canadá porque alguien les dijo que les presentaría a Cohen, pero que cuando llegaron, éste se había ido. Me contó, luego, cómo casi cinco o seis años después, cuando el canadiense ya era famoso por su música, ella y su amiga compraron un boleto y se fueron a algunas islas griegas, pro semanas, en búsqueda de la casa en la que supuestamente estaba viviendo Cohen. Cuando llegaron, él ya se había ido.

5.
Aquella tarde del verano del dosmilsiete, antes de llegar al apartamento ajeno que residía en el quinto o sexto piso de una torre que sobremiraba todo Santa Rita, y bajar la discografía del canadiense, me quedé en cero escuchando la canción que puso Enrique. Se estacionó ilegalmente frente a la estación, me miró y dijo, con su acento hondureño
“Escúchala bien, cabrón”.

lunes, noviembre 23, 2009

sabina/cohen, beyonce/shakira, dylan/calamaro, nota Faverón.

(Dicho sea de paso: ¿a nadie le parece perturbador, como a mí, que más de uno de los más célebres cantantes del mundo hispano sean copycats que darían todo por parecerse completamente a ciertos músicos de la tradición anglosajona? ¿No es un fenómeno extraño que Joaquín Sabina haga todo lo posible por parecer Leonard Cohen, Andrés Calamaro por parecer Bob Dylan, o que Shakira haya optado en los últimos dos años por convertirse en Beyoncé?)

Gustavo Faverón, en su blog, Puente Aéreo

lunes, abril 06, 2009

de momento, ballad of the absent mare

1.
Entre los discos de Leonard Cohen tengo mis preferidos, y tengo aquellos que apenas escucho. Hasta esta madrugada, cuando guiaba de Utuado a Río Piedras, con el sol insistiendo escalar por el este y cegarme, le di una oportunidad a uno de los silenciados, Recent Songs, del 1979. Recordaba algunas canciones, podía cantarlas para mantenerme despierto; con otras, meramente podía seguirle el ritmo con un murmuro mal sincronizado. Norma dormía en el asiento del pasajero. Una señora en un Audi me hizo un corte de pastelillo y una canción me captó la atención, por una línea que apenas escuché. La puse desde el comienzo, nuevamente, para intentar seguirle la línea a lo cantado, y cuando concluyó, volví a repetirla. De Cohen no sólo me agrada su tosca voz oscura, sino que son sus letras mi mayor afición, como he comentado aquí anteriormente. Ballad of the Absent Mare, se llama la canción que me hizo reconsiderar el disco completo, que me lo arrancó del olvido y lo mantuvo presente en mi cabeza todo el dichoso día.
2.
No sé dónde escuché que, al igual que libros, hay canciones y discos que uno sólo aprecia cuando nos tropezamos con ellos en el momento indicado. Hay palabras que suenan mejor en tardes específicas, canciones que vibran mucho más claro, novelas como Woman in the Dunes de Kobo Abé que realmente te sacuden cuando son leídas en un apartamento sin aire acondicionado, con un abanico disfuncional y un calor de 90 fahrenheit, en una tarde riopiedrense en la que todo el mundo ha regresado a sus respectivos hogares.
3.
Ballad of the Absent Mare es una de esas canciones. Recent Songs es uno de esos discos. No sé qué específicamente es lo que toma esta decisión, qué factores se involucran en el juego, qué cosa me llevó a copiar, hace casi un año, uno de los únicos discos que no me gustaban de Cohen al ipod de Norma para que una mañana como hoy, buscando algo que me captara la atención y ahuyentara el sueño, lo reconsiderara. Al fin y al cabo, no importa. ¿Por qué debería? El hecho es que ahí está, ahí estuvo.
4.
Harto de preámbulos, la letra de la canción:
"Ballad Of The Absent Mare"

Say a prayer for the cowboy
His mare's run away
And he'll walk til he finds her
His darling, his stray
but the river's in flood
and the roads are awash
and the bridges break up
in the panic of loss.
And there's nothing to follow
There's nowhere to go
She's gone like the summer
gone like the snow
And the crickets are breaking
his heart with their song
as the day caves in
and the night is all wrong
Did he dream, was it she
who went galloping past
and bent down the fern
broke open the grass
and printed the mud with
the iron and the gold
that he nailed to her feet
when he was the lord

And although she goes grazing
a minute away
he tracks her all night
he tracks her all day
Oh blind to her presence
except to compare
his injury here
with her punishment there

Then at home on a branch
in the highest tree
a songbird sings out
so suddenly
Ah the sun is warm
and the soft winds ride
on the willow trees
by the river side

Oh the world is sweet
the world is wide
and she's there where
the light and the darkness divide
and the steam's coming off her
she's huge and she's shy
and she steps on the moon
when she paws at the sky

And she comes to his hand
but she's not really tame
She longs to be lost
he longs for the same
and she'll bolt and she'll plunge
through the first open pass
to roll and to feed
in the sweet mountain grass

Or she'll make a break
for the high plateau
where there's nothing above
and there's nothing below
and it's time for the burden
it's time for the whip
Will she walk through the flame
Can he shoot from the hip

So he binds himself
to the galloping mare
and she binds herself
to the rider there
and there is no space
but there's left and right
and there is no time
but there's day and night

And he leans on her neck
and he whispers low
"Whither thou goest
I will go"
And they turn as one
and they head for the plain
No need for the whip
Ah, no need for the rein

Now the clasp of this union
who fastens it tight?
Who snaps it asunder
the very next night
Some say the rider
Some say the mare
Or that love's like the smoke
beyond all repair

But my darling says
"Leonard, just let it go by
That old silhouette
on the great western sky"
So I pick out a tune
and they move right along
and they're gone like the smoke
and they're gone like this song

miércoles, enero 07, 2009

¿cómo se traduce master?

De la nada surgen, a veces, como violadores en serie de recintos universitarios, canciones que traspasan los portones, violan las cerraduras, y se instalan en nuestras más profundas habitaciones esperando porque lleguemos, cansados[as] del trabajo o de la universidad o del centro comercial o del jangueo, para sorprendernos, para tomar lo nuestro como suyo, para ponerle nombre a lo que uno siempre pensó tocayo, canciones monstruos, canciones-castraciones; después de las cuales todo es diferente, después de las cuales es fácil identificar al otro, es posible pronunciar lo anterior y lo subsiguiente. Una de estas, que me tomó por sorpresa un verano hace dos años, en el carro de un compañero de trabajo-amigo fue Master Song, de Leonard Cohen, y, para no decir más, aquí la amarro.

I believe that you heard your master sing
when I was sick in bed.
I suppose that he told you everything
that I keep locked away in my head.
Your master took you traveling,
well at least that's what you said.
And now do you come back to bring
your prisoner wine and bread?

You met him at some temple, where
they take your clothes at the door.
He was just a numberless man in a chair
who'd just come back from the war.
And you wrap up his tired face in your hair
and he hands you the apple core.
Then he touches your lips now so suddenly bare
of all the kisses we put on some time before.

And he gave you a German Shepherd to walk
with a collar of leather and nails,
and he never once made you explain or talk
about all of the little details,
such as who had a worm and who had a rock,
and who had you through the mails.
Now your love is a secret all over the block,
and it never stops not even when your master fails.

And he took you up in his aeroplane,
which he flew without any hands,
and you cruised above the ribbons of rain
that drove the crowd from the stands.
Then he killed the lights in a lonely Lane
and, an ape with angel glands,
erased the final wisps of pain
with the music of rubber bands.

And now I hear your master sing,
you kneel for him to come.
His body is a golden string
that your body is hanging from.
His body is a golden string,
my body has grown numb.
Oh now you hear your master sing,
your shirt is all undone.

And will you kneel beside this bed
that we polished so long ago,
before your master chose instead
to make my bed of snow?
Your eyes are wild and your knuckles are red
and you're speaking far too low.
No I can't make out what your master said
before he made you go.

Then I think you're playing far too rough
for a lady who's been to the moon;
I've lain by this window long enough
to get used to an empty room.
And your love is some dust in an old man's cuff
who is tapping his foot to a tune,
and your thighs are a ruin, you want too much,
let's say you came back some time too soon.

I loved your master perfectly
I taught him all that he knew.
He was starving in some deep mystery
like a man who is sure what is true.
And I sent you to him with my guarantee
I could teach him something new,
and I taught him how you would long for me
no matter what he said no matter what you'd do.

I believe that you heard your master sing
while I was sick in bed,
I'm sure that he told you everything
I must keep locked away in my head.
Your master took you traveling,
well at least that's what you said,
And now do you come back to bring
your prisoner wine and bread?
Master Song, Leonard Cohen

martes, enero 06, 2009

alerta azul

Téngase en mente que cuando recomiendo algo en este blog, no garantizo, en lo absoluto, el gusto universal (no sé ni por qué me molesto en decirlo, totalmente innecesario, totalmente obvio). Específicamente cuando hablo de música, puesto que mis preferencias musicales tienden a torcerse hacia la música lenta, hacia el jazz, hacia las letras profundas, o simplemente a cosas que se me filtran y me llegan más adentro de lo normal. Hago esa aclaración antes de comentar el disco Blue Alert, de Anjani Thomas.
No se trata de un CD nuevo. Blue Alertya debe cumplir dos o tres años, pero me tropecé con él hace casi seis meses, a través de la web de Leonard Cohen, quien la recomendaba. Normalmente ignoro este tipo de publicidad de un músico a otro, pero como Cohen es uno de mis maestros, decidí conseguirlo.
Sucede que Anjani había sido corista y colaboracionista de Cohen. Su presencia es marcada en Dear Heather, el último disco del septuagenario, dónde muchas de las canciones nacieron de un esfuerzo dual.
De un esfuerzo dual también surgió la canción titular del disco de Anjani, Blue Alert, que fue escrita por don Cohen. También produjo el disco, y cedió algunos de sus poemas para que la cantante hawaiana los musicalizara, como es el caso de Nightingale.
La voz de Anjani, o el flow, es lo que me gusta. Es una voz suave, casi blues-iana, folk-y, y desde que la escuché por primera vez se me pareció en algo a Cohen. Un Cohen femenino, suave, más relajado. Un Cohen sexy, pelilargo y pelinegro. Las letras son simplemente geniales. Por ejemplo,
“There’s perfume burning in the air/bits of beauty everywhere/shrapnel flying; soldier hit the dirt/She comes so close. You feel her then/ She tells you No and No again/ Your lip is cut on the edge of her pleated skirt/ Blue Alert.” (Blue Alert) o “Fare the well my nightingale/ I lived but to be near you/ Though you are singing somewhere still/ I can no longer hear you” (Nightingale, del poema de Cohen). Pensaba dejarle un vídeo de Youtube de Anjani cantando alguna de sus canciones, pero no logro encontrarla sola. En su website pueden escuchar la mayor parte del disco. Mientras tanto, amarro aquí otro vídeo, de Anjani y don Cohen cantando Whither Thou Guest.