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miércoles, febrero 12, 2014

la noche también existía para la lechuza (y no sólo para los poetas), escribía salvador novo

Me deposité en una mecedora de lona, mientras cerraba la noche. Una luna pequeña como una herida naufragaba en el fondo de la jabonadura trashumante de nubes transparentes y leves. Entre las ramas altas de los cedros se colgaba un lucero. El piar de los pájaros fue apagándose poco a poco, cesaron sus persecuciones. Ahora se hallarían en sus nidos, por parejas domésticas.

Era la situación perfecta para que un poeta decidiera inspirarse y componer versos. Ahí estaban todos los ingredientes de la creación artística: la soledad, la noche, su perfume, la luna, las nubes, los árboles, el silencio. Con menos que eso, en otros tiempos, yo era capaz de hacer versos. A veces pienso que me compadezco demasiado. Otras, comprendo, a mi pesar, que he pasado una buena parte de mi vina en disponer el escenario perfecto para que ocurra un drama que carece, en fin de cuentas, de personajes. Exactamente como una señora que eligiera con estricto cuidado el sanatorio insuperable para dar a luz, el mejor médico, la cama más adecuada; y que cumplidos los nueve meses de su esperanza previsora, descubriera que aquello que abultaba sus ropas no era más que un cochino tumor.

De pronto, un aletear sordo y un graznido desagradable me sacaron de mis meditaciones. Era una lechuza. Volaba sola, como extraviada, de un árbol a otro. Buscaría destruir a otros pájaros, indefensos, felices, domésticos.

Y sin embargo, la noche también existía para la lechuza.

Salvador Novo. Jueves, 27 de agosto del 1944, en La vida en México en el periodo presidencial de Manuel Ávila Camacho.

martes, febrero 11, 2014

hay muchos luchadores nuevos, como las calles nuevas, decía salvador novo

Mientras admiraba la obra restauradora del maestro y de sus hijos, un mocetón enorme vino a abrazarme. Era Joaquín Murrieta, el luchador, mi ahijado de matrimonio. Charlamos un momento. Ya él no lucha, sino que maneja un camión de refrescos. Yo no he vuelto a las luchas. Es decir, sí, fui hace poco, pero ya no me gustaron nada. Me aburrieron. Hay muchos luchadores nuevos, muy jovencitos, desconocidos, producidos, como las calles nuevas, coomo las colonias flamantes, en este año y medio que ha bastado para que ya esta ciudad no sea mía, o para que yo ya no pertenezca a esta ciudad.Escribió Salvador Novo como si la lucha libre fuera la ciudad, o fuera una extensión de la misma, en su Diario (impreso en el periódico), un 4 de septiembre de 1943. Se encuentra en el primer volumen de La vida en México en el período presidencial de Manuel Ávila Camacho (1965)