domingo, marzo 25, 2012
el amargo nombre, tres traducciones de c.k williams
sábado, febrero 19, 2011
no, una traducción de un poema de C.K Williams
Llevo diciendo lo que debo decir
desde hace años, hacia atrás y hacia adelante
de arriba hacia abajo y no lo escuchas
aún, así que desde ahora
comenzaré a desdecirlo:
desdiré todo lo que ya he dicho
y lo que todos los otros han dicho
y lo que aún no ha sido dicho.
Desdiré
el hemisferio del norte
y el del sur
el este y oeste, arriba
y abajo, lo bueno
y lo malo. Desdiré
lo que flota justo sobre mi piel
y justo debajo: las hojas
y las raíces, la lombriz
en el río y el río entero
y el océano y el océano
debajo del océano. Espacio
y luz desaparecerán,
silencio, sonido, banderas,
fotografías, y dólares:
la gente alcantarilla y la gente basura,
la gente dinero y la gente concreto
que escapan del pueblo sobre sueños
y lo aman, y los sueños,
hasta el que late
debajo del suelo como un tambor—
arrasaré con todos
desde el lado opuesto
y concluiré en el fondo.
¿Comprendes? El Cesar está desdicho
ahora. Cristo
está desdicho. Intercambiarán juguetes
pero ya es demasiado tarde.
El doctor está desdicho, curado;
la página de goma crece
hojas, suculentas y oscuras,
y el paciente las siente
acumulándose en la base
de su espina dorsal como una cola.
Ha sido desdicho
que no tenemos colas—
una anciana enrolla la suya
y la levanta
como un helicóptero.
El tiempo se tuerce
hacia atrás en su vientre y flota hacia afuera
en su desdecir.
No comenzará nuevamente.
El físico triste
tirará de los interruptores pero todo
lo que la bomba hará es suspirar hacia adentro
y eclosionar como un huevo,
y pequeñas criaturas-vacío
vienen, que viven
en los tonos entre las notas,
inocentes e intocables.
Un bebe que pelea por oxígeno
a través del seno de su madre
no lo hará ya: el aire ha sido desdicho.
El esqueleto que perdí en Francia
no importará. No más picnics,
ni grama aplanada,
ni toros.
Todo en la marea,
limpio como la mañana.
La ropa interior mojada de mi esposa en el lavamanos—
la desdigo,
me tragan
como a tu San Valentín.
La hielera crece verde bebe
habas para Malcolm Lowry.
La casa se llena de amor.
Mastico el perfume
y mi vecina besándome buenos días
se derrite y se apaga
como una luz.
Hay una piedra desnuda
entre aquí y el final.
Hay un lugar chamuscado
en el silencio.
A lo largo de mis costillas, agonizando por vejez,
el último átomo baila, da vueltas
como una niña. Le desdigo
su vestido amarillo, su cabello,
sus zapatillas
pero ella sigue bailando,
brincando de atrás para adelante
de mi rostro a mis cosquillas
hasta que una carcajada me revienta.
Y, entonces, en seguida, de inmediato, desdigo
el final.
viernes, octubre 30, 2009
you stayed in yourself, dixit Williams

>
Often before have our fingers touched in sleep or half-sleep and enlaced,
often I’ve been comforted through a dream by that gently sensitive pressure,
but this morning, when I woke your hand lay across mine in an awkward,
unfamiliar position so that it seemed strangely external to me, removed,
an object whose precise weight, volume and form I’d never remarked:
its taut, resistant skin, dense muscle-pads, the subtle, complex structure,
with delicately elegant chords of bone aligned like columns in a temple.Your fingers begin to move then, in brief, irregular tensions and releasings;
it felt like your hand was trying to hold some feathery, fleeting creature,
then you suddenly, fiercely, jerked it away, rose to your hands and knees,
and stayed there, palms flat on the bed, hair tangled down over your face,
until with a coarse sigh almost like a snarl you abruptly let yourself fall
and lay still, your hands drawn tightly to your chest, your head turned away,
forbidden to me, I thought, by whatever had raised you to that defiant crouch.I waited, hoping you’d wake, turn, embrace me, but you stayed in yourself,
And I felt again how separate we all are from one another, how even our passions,
Which seem to embody unities outside of time, heal only the most benign divisions,
That for our more abiding, ancient terrors we each have to find our own valor.
You breathed more softly now, though; I took heart, touched against you,
and, as though nothing had happened, you opened your eyes, smiled at me,
and murmured—how almost startling to hear you in your real voice—
“Sleep, love.”


