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jueves, mayo 20, 2010

shelves, tables, meek and edible: we are, dice Signora Plath

Overnight, very
Whitely, discreetly,
Very quietly

Our toes, our noses
Take hold on the loam,
Acquire the air.

Nobody sees us,
Stops us. betrays us;
The small grains make room.

Soft fists insist on
Heaving the needles,
The leafy bedding,

Even the paving.
Our hammers, our rams,
Earless and eyeless

Perfectly voiceless,
Widen the crannies,
Shoulders through holes. We

Diet on water,
On crumbs of shadow,
Bland-mannered, asking

Little or nothing.
So many of us!
So many of us!

We are shelves, we are
Tables, we are meek,
We are edible,

Nudgers and shovers
In spite of ourselves.
Our kind multiplies:

We shall by morning
Inherit the Earth.
Our foot's in the door.

Mushrooms, de Sylvia Plath

miércoles, febrero 24, 2010

phd in literature, dixit Robert Edwards

Fragmento de The PhD in Literature, por Robert Edwards
Open your mouth with an opinion,
and she’s changed the subject.
If she asks you a question,
She’ll answer it herself and be displeased
with your typical male lack of vision
Get a word in edgewise,
and she frowns at your bad manners.
Contradict, and she complains of a cold.
Unfold a poem and she protests
of broken glasses, and so cannot listen.
Move toward the door
and she begs you to stay, inviting you back
all the way to the car.

exceptions, dixit Robert Edwards

Exceptions, Robert Edwards
Here is the mountain
from which no one has fallen.
Here is the lake
where no swimmer has drowned.
Here is the gun
that was never loaded.
Here are the toys
that have never drawn blood.
Here is the revolution unbetrayed.
Here is the poem that saved a life.

viernes, octubre 30, 2009

you stayed in yourself, dixit Williams

Often before have our fingers touched in sleep or half-sleep and enlaced,
often I’ve been comforted through a dream by that gently sensitive pressure,
but this morning, when I woke your hand lay across mine in an awkward,
unfamiliar position so that it seemed strangely external to me, removed,
an object whose precise weight, volume and form I’d never remarked:
its taut, resistant skin, dense muscle-pads, the subtle, complex structure,
with delicately elegant chords of bone aligned like columns in a temple.

Your fingers begin to move then, in brief, irregular tensions and releasings;
it felt like your hand was trying to hold some feathery, fleeting creature,
then you suddenly, fiercely, jerked it away, rose to your hands and knees,
and stayed there, palms flat on the bed, hair tangled down over your face,
until with a coarse sigh almost like a snarl you abruptly let yourself fall
and lay still, your hands drawn tightly to your chest, your head turned away,
forbidden to me, I thought, by whatever had raised you to that defiant crouch.

I waited, hoping you’d wake, turn, embrace me, but you stayed in yourself,
And I felt again how separate we all are from one another, how even our passions,
Which seem to embody unities outside of time, heal only the most benign divisions,
That for our more abiding, ancient terrors we each have to find our own valor.
You breathed more softly now, though; I took heart, touched against you,
and, as though nothing had happened, you opened your eyes, smiled at me,
and murmured—how almost startling to hear you in your real voice—
“Sleep, love.”

Archetypes del libro Repair, C.K Williams.

sábado, agosto 29, 2009

austeridad

1.
Mientras más leo a Auster más pienso que es de los autores más relevantes y constantes de la literatura contemporánea. Definitivamente, es uno de los más consistentes en la estadounidense. Cada pieza que produce, cada novela, true story, y poema que escribe no hacen sino fortalecer y enriquecer la obra anterior. Incluyendo sus últimas y fallidas incursiones al cine, su trabajo—hasta donde lo he leído—revisita los mismos temas: la coincidencia, el fracaso, la identidad, la subjetividad, y los límites del lenguaje. Como si al comenzar a escribir un trabajo no buscase parir una pieza nueva, sino una variación.
2.
En una barra en Japón llamada España, Samuel me explicó el asunto de las variaciones. Partía de Mozart, de Glenn Gould, de las Variaciones de Goldberg, para explicarme alguna de las muchas teorías que había formulado en su cabeza. Según entendí, una variación era, pues, eso mismo, una variación. En la música, se trataba de repetir y alterar un tema y una idea de distintas maneras, para profundizar en él, o aumentarlo. Durante nuestra conversación, los dos japoneses que estaban en la barra, saludaban a todo el mundo que entraba gritándole un ¡señorita!, sin importar el sexo. Los clientes japoneses, sin entender, sonreían y saludaban de vuelta. Los dos hombres reían de su chiste secreto. Atrás, sonaba un tango. Pedí una copa de vino, y me la tragué a raspadientes, porque la cerveza estaba fuera del alcance de mi wallet.
2.
Me tropecé en la biblioteca de Emory con las ediciones originales de los primeros poemarios de Auster, mientras buscaba aplacar el entumecimiento que me causó la emigración. Sentado en el suelo, entre anaqueles eléctricos que susurran al moverse (para poder acceder a un pasillo, presionas un botón, y los libros acatan la orden y se apartan, como una caricatura del mar rojo), ojeé las páginas, pensando que encontraría una poesía, no sé, inmadura, o quizás, distinta al material de sus novelas. Pero no fue así. Me sorprendí al percatarme que esos nueve años (’70-’79) en los que estuvo publicando poesía, un Auster de 23 años coqueteaba con los fantasmas que lo arrastrarían por los próximos treinta o cuarenta años.
3.
Como toda lectura está cargada por circunstancias y contexto, supongo que todo esto tiene que ver de alguna forma con mis actuales inquietudes. No puedo negar que esto, de alguna forma, sosegó esas molestias que sentía con lo que he escrito últimamente: la piquiña de que, por más distintas las historias que cuento, y las técnicas con las que intento contarlas, siempre, al fin y al cabo, tratan de lo mismo.
4.
En Decatur, donde ahora vivo, anochece a las 8:30 de la noche. Eso, también, tiene mucho que ver. No escucho ni el batallón de coquíes que se posaba en las ventanas miami de mi cuarto, en Caguas, y que odiaba; ni los golpes que daba mi tortuga, al intentar escapar de su pecera de quince años.
5.
¿No dijo Borges que cada persona crea, de una forma u otra, a sus precursores?
6.
Un poema, de Fragments of the Cold, escrito por Auster a los 29 años, entre el ’76 y el ’77.

Aubade

Not even the sky.
But a memory of the sky,
and the blue of the earth
in your lungs.

Earth
less earth: to watch
how the sky will enclose you, grow vast
with t he words
you leave unsaid—and nothing
will be lost.

I am your distress, the seam
in the wall
that opens to the wind
and its stammering, storm
in the plural—this other name
you give your world: exile
in t he rooms of home.

Dawn folds, fathers
witness,
the aspen and the ash
that fall. I come back to you
through this fire, a remnant
of the season to come,
and will be to you
as dust, as air
as nothing
that will not haunt you.

In the place before breath
we feel our shadows cross.

miércoles, junio 03, 2009

Ms.Plath has a call

1.
Tengo que decirte, mi dulce Lola, que lo lamento tanto, pero tanto.
2.
He citado varias veces en este blog de un libro que compré en clearance en Borders, hace algunos meses. Por $1.99, era una antología de poetas modernistas ingleses y norteamericanos. Antes de acostarme, cuando lo recuerdo, intento leer uno distinto. Sin embargo, llevo algunas noches estancado entre dos poetas. Uno es William Carlos Williams, y la otra, de la que se trata esta entrada, es Sylvia Plath.
3.
Confieso que me detuve en las cuatro páginas dedicada a ella por la fotografía, no más. El reloj digital que compré hace 10 años marcaba las doce y quince de la madrugada, y sabía que debía acostarme--suelo dormir temprano--pero me quedé mirando la foto como si se tratase de un rompecabezas. Leí la breve biografía, unas ochoscientas palabras, varias veces. Nunca había leído a Plath, aunque sí conocía un dato, un pequeñísimo dato, una imagen fuertísima: y no había mención de ella en aquella página de paper glaseado.
4.
Un pedazo, "Daddy":
Bit my pretty red heart in two.
I was ten when they buried you.
At twenty I tried to die
And get back, back, back to you.
I thought even the bones would do.

But they pulled me out of the sack,
And they stuck me together with glue.
And then I knew what to do.
I made a model of you,
A man in black with a Meinkampf look.

5.
Otro pedazo, de Lady Lazarus:
The second time I meant
To last it out and not come back at all.
I rocked shut
As a seashell.
They had to call and call
And pick the worms off me like sticky pearls.

Dying
Is an art, like everything else.
I do it exceptionally well.
I do it so it feels like hell.
I do it so it feels real.
I guess you could say I've a call.

6.
No, Lolita, no he leído su novela, ni sus diarios, ni una cuarta parte de su obra, ¿qué importa? ¿será que no me dejarás decir que me gusta? ¿que se me esconde por entre las uñas? Su poesía, Lola, es mucho más interesante que todo lo demás, que su biografía--aunque ésta también es llamativa.
7.
Toallas mojadas en la puerta. Los niños durmiendo, bien alimentados. El vecino, gracias, no está en casa. Nota en su mesa: Llamar al doctor. Las niñeras llegarán más tarde. ¿Está encendido? Sí, el Gas está encendido. El horno abierto. Su bello rostro, al fondo. El calendario marca el 1963 (mi madre, 3 años; mi padre, diez. Veintitres aún, pa' mí).
8.
De "Edge", 1962:
The woman is perfected. Her dead
Body wears the smile of accomplishment[...]

martes, junio 02, 2009

a splash quite unnoticed, dice w.c williams

Landscape with the Fall of Icarus de Bruegel
1.
A veces, por más que quieras escribir, sólo vale la cita, la apropiación. Pasas las páginas rápido hasta que el ojo insiste en el pequeño 46 en la esquina, o en el 154, y dos poemas que quizá poco tendrían en común, más allá del modernismo inherente que los atrapa en este libro, parecen atarse, y referirse a la misma picazón.
2.
Sin embargo, ese finísimo hilo es tan personal como un recuerdo de la primera vez que intentaste atrapar un vistazo del baño de las nenas, o el secreto que te susurró en el parque tu amiga de niñez, aquella única vez que se escaparon de casa, pasado el toque de queda de sus padres, ella en sus rollerblades rosados y tú en tu bicicleta.
3.
Por eso, sólo pongo aquí uno de los poemas, Landscape with the Fall of Icarus, de William Carlos Williams. El otro me lo quedo, porque pica demasiado cerca.
According to Brueghel
when Icarus fell
it was spring

a farmer was ploughing
his field
the whole pageantry

of the year was
awake tingling
near

the edge of the sea
concerned
with itself

sweating in the sun
that melted
the wings’wax

insignificantly
off the coast
there was

a splash quite unnoticed
this was
Icarus drowning.

domingo, abril 19, 2009

engine work, un poema de morri creech

1.
Hace algún tiempo Samuel me prestó el poemario de Morri Creech Paper Cathedrals(Kent State University, 2001). Poco está decir que me parece uno de los mejores poetas contémporaneos que he leído. Aunque admito que mi conocimiento de los poetas vivos gringos no es tan extenso como la de Sam. De todos modos, hay algo en Creech que me gusta, mucho.
2.
Desde hace aún más tiempo, he tomado el hobby de traducir poetas gringos y canadienses. Era un hobby de closet, algo que hacía por diversión propia, hasta que aparecieron algunos en la versión de transversa de Derivas. No sé por qué lo hago. Quizás para calmar las ganas de escribirpoesía que me vienen de vez en cuando, y a las que cedo de mil en cien, pero que controlo mientras puedo. Por lo cual, luego de leer las catedrales de papel de Creech de principio a fin como por tres veces, traduje algunos de sus poemas, aunque aquí sólo pondré Engine Work: Variations, porque la versión en inglés está disponible por la red, y así el lector puede jugar a leer ambas. El título quedó como Trabajo de Motores: Variaciones, bastante literal, ¿no?
3.
La versión original (en inglés) la pueden leer presionando aquí. Para más información de Creech presionen acá. Y, antes de dejar mi traducción, aclaro que la palabra scüpernongs, escrita igual en inglés y español, es una uva blanca que se da en el sur de los Estados Unidos. También se le llaman scadines. Y no podía simplemente cambiarlas por uvas blancas ya que cambiaría la posibilidad de nombrar cosas que tan importante es para el poema. Con eso, mi traducción:



Trabajo de Motores: Variaciones

I.
Mañana de junio. El sol parpadea a través de los pinos.
Arrendajos azules bromean y discuten, posados en un poste de la verja
Detrás del patio de mi abuelo. Sus motores destripados
Estorban el césped. Y dondequiera, el sabor
De scüppernongs recién caídos de la vid,
Tan agrios que jurarías que la mente ha trazado
Una vereda a través del matorral, que jurarías que el pasado
Se aclara otra vez, tomado del polvo hecho pedazos—.

II.
O es tarde—en septiembre—y la sombra
Más gruesa de lo que recuerdo: esos cardenales,
Pinzones o ruiseñores aún sin hacer
Un sonido en toda la tarde, aunque la fruta madura se ruboriza
En la vid, o la rama—o zarza. Así el entrecortado
Borde del recuerdo se enreda lentamente
Lejos, hacia la nada, hasta que se ha perdido ese lugar
Donde el corazón conoce su objeto y es conocido.

III.
De acuerdo. Para no comenzar con esos pinos encendidos,
Esos scüppernongs, o los arrendajos posados en las ramas
De eucaliptos—no, de robles, creo. ¿Con qué, entonces?
¿Con mi abuelo aguantando el par de apriete
O el trinquete? ¿El áspero ronquido de algún viejo motor
Antes de que comience o no—un pinzón de casa,
Cantando o en silencio? El lenguaje—también, parece equivocado.
Aún así es todo lo que tengo. Abuelo. Scüppernongs.

IV.
Fijarlo en algún momento, palabra por palabra,
Ese hombre que me enseñó de engranes y cilindros, sudor
Precisión de maquinaria—el riguroso
Amor de ensamblar cosas:
Conozco el calor
Todo el verano colgando como un lienzo ligero donde los pistones disparaban
Y el niño que era observaba en la cruda luz del sol.
Aceite derramado arcoirisaba en la cacerola hueca.
Un cantar de aves, quizás; una fruta en una enrejada enredadera...

V.
Imposible no cambiar las cosas, mover las palabras
De aquí a allá. Es tarde ya. Nada está quieto—
Ni el sonido del motor ni el cantar de una lejana ave
La mente canta verdadera. ¿Qué versión del mundo
Debería yo creer? Esta mañana en el patio
Scüppernongs colgando y endulzando. Las ramas del pino ceden
Algún fragmento del cantar del arrendajo azul, un sonido
El aire resonante se repite pero no logra reparar.