martes, agosto 23, 2011

y se juega la peregrina, dice Rubén Ramos

La gente que se va del país nunca vuelve, cuando regresan son cosas desprovistas de realidad, uno habla y ríe con ellos pero uno no sabe y ellos no saben, y todo se asume y se llenan blancos y se juega a la peregrina y ni los nombres siguen siendo los mismos y tal vez es más difícil hoy en día comprender las distancias porque facebook te da un facsímil de ellos, pero no son ellos y uno tampoco, pero, sobre todo, ellos.
Dice Rubén Ramos, a.k.a Luke Warm, por Facebook, en el mismo tono que la columna que sacaré mañana en El Nuevo Día.
La foto que encabeza este escrito es también propiedad y objeto de Rubén, que altera/trabaja cosas (aunque sea mero descubrimiento de una reliquia) y las coloca en su nuevo espacio Babel Maché.

jueves, agosto 18, 2011

el joven escritor, por los próximos cien, dice Duchesne Winter

El joven escritor o la joven escritora de espacios subalternos como el nuestro, que quiere ingresar al laberinto literario en calidad de autor real (más que como personaje de ficción), en los próximos cien años tal vez necesite comportarse, como todo intruso de cualquier procedencia, cual un genuino usurpador. Es posible que desee robar identidades a diestra y siniestra para confeccionar un ideal del sujeto de enunciación que le permita articular su escritura de manera estéticamente satisfactoria. Pero demás, dado su posicionamiento subalterno en el sistema cultural dominante, es posible que nuestro joven escritor precise recurrir a las artes del canibalismo lingüístico y estético. Quizás desee devorar todo tipo de seres sígnicos para alcanzar alguna metamorfosis de la fuerza. No hablamos aquí de las artes del mercadeo y publicidad del producto literario, sino del trabajo puramente escritural con el texto. Lo que los textos producidos por los autores puertorriqueños de los próximos cien años no pueden permitir es que se justifique de manera alguna colocarlos en el espacio de “local interest”.

Ciudadano insano: ensayos bestiales sobre cultura y literatura, Juan Duchesne Winter Estaré poniendo algunos pedazos de este libro aquí, que ya cumple diez años, porque me parece genuinamente lleno de aciertos

la irrupción abrupta del stacatto, ríos avila sobre manuel ramos otero

A veces me molesta la apropiación de Ramos Otero por cierto grupo de escritores puertorriqueños (entiéndase: aquellos que escriben, o aquellos que performan escritores, me da igual) que, me parece, lo han malinterpretado. Digo, la malinterpretación es también una forma de interpretar, de leer, de esto que su lectura no sea equívoca (no hay tal cosa); de esto que el problema sea mío, que la molestia que me hace insultar el Facebook (espacio de figureo par excellence) de vez en cuando sea algo muy personal y que poco realmente tiene que ver con ellos. Por eso me alegra tropezarme con esta lectura de don Manuel R.O hecha por Rubén Ríos Avila en su libro La Raza Cómica: del sujeto en Puerto Rico. Esto dicho, me pongo a pensar que quizás la lectura que he tenido siempre del difunto proviene, en primer lugar, de este libro, que mientras lo leo ahora, recuerdo repentinamente haber consumido cuando llegué a Río Piedras, y que parece que internalicé, antes de crecer barba. Ni idea.

Por eso resulta tan inquietante la escritura de Ramos Otero, precisamente porque no ha habido en la literatura puertorriqueña una obra tan radicalmente movilizada como una poética de la anticensura. Para empezar, nunca antes habíamos sido testigos de una exhibición de “individualidad poética” tan insolente, abierta y provocadora. Se trata de una completa estrategia de individualidad, cuya táctica más efectiva no es necesariamente el confesionalismo, aunque esté ahí, ni el narcisismo, aunque también esté. Ni tan siquiera el exhibicionismo sexual […] Me parece que la táctica más peligrosa es ser un escritor entregado a la voluntad de estilo, al diseño de un discurso donde, si partimos de la máxima del Varón (Le style c’est l’homme), el hombre no es, sino que desaparece bajo el estilo. La escritura de la nación no se supone que llame la atención a sus tics, a sus pequeñas e inútiles idiosincrasias, a las recurrentes firmas perturbadoras que obstruyen el mensaje, o más aún, el reclamo inaplazable del llamado. No nos confundamos: Ramos Otero está lejos de ser un estilista o maestro del estilo. Precisamente se trata de lo contrario: aquí el estilo produce una escritura rota, sucia, a veces inclusive torpe, aberrante, distorsionada, caprichosa, insistiendo con sus lapsos de vulgaridad en el seno de despegues líricos frustrados en que la armonía no puede existir en donde siempre queda el remanente nervioso de un ruido inapagable. Su página en blanco sólo puede ser visitada por la irrupción abrupta del staccato.

martes, agosto 16, 2011

una mariconería buscada por cierta literatura puertorriqueña, dixit Duchesne Winter

Para extender la breve sugerencia de Aira con respecto a la literatura puertorriqueña, basada en su lectura de Rodríguez Juliá, esbocemos lo nacional como adjetivo autológico. Lo nacional se aboca al efecto reflejo deslizable por sobre los sustantivos de la Historia y el Estado modernos. Lo nacional se constituye en la utopía autológica de la frivolidad al sustituirse la ausencia de una épica nacional por su fantasma, tal como sucede en la novela de Rodríguez Juliá, la cual imagina una épica cimarrona nacional que nunca ocurrió. En su novela también se toma en serio lo otro, es decir, el reflejo, el revés del mundo, como hace la protagonista de Aira ya citada, llamada Patri, quien rechaza a los hombres sustantivos, a los “hombres de verdad”, que le recomienda su madre, pero acepta la extraña invitación de unos fantasmas desnudos. Es importante el detalle de que la madre le ha advertido a Patri que si esos hombres son fantasmas, no pueden ser hombres de verdad, sino maricones, implicando que todo lo que no es real, es decir, todo lo fantasmático como la ensoñación y la literatura, es una mariconería. Se esbozaría a partir de este paralelo posible una nacionalidad fantasmal, ensoñada, imaginada, que resaltaría ser una mariconería buscada por cierta literatura puertorriqueña reciente como reflejo de ella misma. En lugar de hacer la patria con la acción directa, los escritores se dedican a la mariconería de imaginarla. En lugar de buscar lo sustantivo histórico, lo sustantivo soberano del estado nacional, lo serio, el literato acepta la invitación de lo otro: el deslizamiento autológico, el resbalamiento adjetival por esas reiteraciones del acto del reflejo de sí. El autor puertorriqueño es un narciso que resbala contra toda advertencia patri-materna hacia su adjetivo imaginario: el que comienza a resbalar—reza el interdicto albizuista—no se detiene hasta que se parte el espinazo.

Ciudadano insano: ensayos bestiales sobre cultura y literatura, Juan Duchesne Winter
Estaré poniendo algunos pedazos de este libro aquí, que ya cumple diez años, porque me parece genuinamente lleno de aciertos.

construyendo un palacio sobre ruinas, por janelyn

Construyendo un Palacio sobre Ruinas

La primera novela de Sergio Gutiérrez Negrón, "Palacio", construye sobre las ruinas que deja la pérdida un relato de amor, de amistad y de cercanías lejanas.

Por: Janelyn M. Vega Medina

Con una propuesta que hilvana diferentes géneros, hace su debut como novelista Sergio Gutiérrez Negrón con el libro Palacio. Esta novela corta cuenta la historia de un joven estudiante puertorriqueño en Atlanta que, luego de dos años, se reencuentra cibernéticamente con su esposa desaparecida.

“En primer lugar, Palacio es una historia de amor que, como todas las historias de amor, se cuenta desde su final”, comentó el joven escritor que, al igual que el personaje principal de su novela, reside en Atlanta, donde cursa estudios graduados.

Sin embargo, Francisco, el protagonista, no es el único que busca manejar la pérdida que significó para él el abandono de su esposa.

“Tenemos dos personajes: primero, al protagonista; y segundo, al doctor Abe, un ornitólogo que perdió a su hija. En ambos relatos, que son el mismo relato, tenemos dos hombres que intentan superar ese golpe. Aunque lo sepan o no”, comentó el escritor. Y la manera de superar ese golpe, según Gutiérrez Negrón, es creando una ficción.

Para Francisco, esa ficción surge con los recuerdos de su relación con Alice (su esposa) y los pedazos de información que ésta le brinda desde la distancia achicada gracias al Internet. Esos trozos del pasado vivido con ella y el presente fragmentado que ella le brinda le permiten construir un relato.

Mientras, para el doctor Abe, el relato se construye a través de su trabajo con las aves.

“La novela es también una reflexión de las relaciones interpersonales en tiempos de Internet. Cómo nos relacionamos a la distancia. En pedazos. Cómo, ahora, más que nunca, se le ha devuelto importancia a la palabra escrita, o mal escrita, ya que todo lo que somos es palabra escrita. Mentira. Fotos, también. Pero más palabra que fotos. Y por tanto, construcciones lingüísticas que fácilmente pueden ser leídas erróneamente, o interpretadas”, añadió el joven novelista.

Entre los géneros que trabajó Gutiérrez Negrón en este relato se encuentran las historias de amor y de aprendizaje. “Ahí metí todo lo que me gusta. Metí mi enamoramiento con la ciencia ficción de una forma que la novela en sí no fuera sci-fi, sino que la contuviera.”

"Palacio", una publicación de Libros AC, ya está a la venta en las librerías del país y por Internet. La presentación de la novela será este jueves, 18 de agosto, en la librería La Tertulia en Río Piedras, a las 7:00pm.

Para más información:

viernes, agosto 05, 2011

mishima, my neighbour, dixit Laferriére

“I don’t understand all the attention paid to a writer’s origins. Because, for me, Mishima was my neighbour. Very naturally, I repatriated all the writers I read all the time. … they all lived in my village. Otherwise, what were they doing in my room? Years later, when I became a writer and people asked me, ‘Are you a Haitian writer, a Caribbean writer or a French-language writer?’ I answered without hesitation: I take on my reader’s nationality. Which means that when a Japanese person reads me, I immediately become a Japanese writer.”
I am a Japanese Writer.de Dany Laferriére

miércoles, julio 27, 2011

En una de las entrevistas que estoy traduciendo, el inmigrante ilegal dice, "sigo viviendo en la oscuridad", pausa, respira, y sigue, "como los doce millones que vivimos así".

martes, julio 26, 2011

el túnel, una columna

Esta columna saldrá publicada en Buscapié de El Nuevo Día mañana, miércoles, 27 de julio del 2011. Aquí la pongo un poquito adelantado.

Hay algo en el asesino confeso que nos hace detenernos, por un breve segundo, y asomarnos al espeluznante pozo del morbo. Algo terriblemente reconfortante, también. Es mucho más fácil pensar una catástrofe como la de Oslo hace algunos días, y la de Virginia Tech, en el 2007, que detenernos a pensar las ciento y pico de muertes que parpadean en el día a día puertorriqueño.

Es más fácil, cómodo, procesable no sólo porque estén lejos sino porque existe un perpetrador que se identifica, que firma el atentado. Es más interesante, también. Mejor material para películas, literatura, canciones y columnas. Inmediatamente, nos tornamos coquetos, atamos su nombre a adjetivos saludables, dotamos su asqueante locura con una poética del mal, una introspección quijotesca; se observa su trazo, dándole a la catástrofe algo de museo, de exposición malévola.

Hay cierto atractivo. Hace cuatro años, tras la catástrofe de Virginia Tech, se publicaron las listas de lecturas del responsable, sus escritos de una clase de escritura creativa se volvieron materia de indagación. Había hecho las mismas lecturas que cualquier estudiante subgraduado de una universidad americana, pero su masacre hizo que se sacasen a colación una o dos, las “profundas”: debían haber claves allí. No importaba el carácter fallido de sus escritos: en el fallo estaba su belleza, su genio.

Lo mismo, ahora, con el último desgraciado (deberíamos olvidar sus nombres, regalarle el frío vómito de la omisión). Varios periódicos internacionales ya mencionan, salivando, el supuesto manifiesto de 1, 500 páginas que posiblemente escribió, el video que subió a YouTube, los libros a los que le había dado “Like” en Facebook. De repente, se hace una selección arbitraria: se dejan los textos oscuros, los textos que pudieron haber inspirado su vulgar despliegue extremista, y con ellos comienza a construírsele el aire de misterio.

El rostro del infeliz de repente se hace aún más ilegible, adquiere una tonalidad oscura que huele rico y atrae, porque tiene más poesía que el crimen sucio, puerco; el crimen que suda y que se riega como varicelas en nuestra isla. Nuestro crimen banal: ese cometido por tipejos que desaparecen en el bajomundo, o que se suicidan después. Ése que realmente nos debe preocupar. Nadie busca qué han leído esos, qué películas, qué canciones pudieron haberlos inspirado. Demasiado cerca. Demasiado rústico.

domingo, julio 24, 2011

itinerarios del hombre caja

1.
El hombre salió del río sin cabeza. O, por eso de acarrear precisión, tenía cabeza, pero en vez del tradicional cráneo de ascendencia homínida, tenía una caja, cuadrada, marrón, desechable, con una estampa que advertía acerca del contenido “Frágil”, coronando el cuello. Vestía un gabán—un traje de tres piezas de chaqueta blanca, pantalones color burgundy, y un chalequito interior de un tono tinto de verano. Tenía manos de humano, eso sí, puesto que emergió del estrecho riachuelo caminando con ellas en el bolsillo, totalmente seco, y con un flow medio de jazzman, medio de cantante de reggaetton, o hip hop. Quizás por esto fue que supe que era negro, o que si tuviera rostro, el rostro fuera negro, de nariz ancha, y quizás un afro culminando en unas patillas voluminosas, como las de Alex Cuba.
Yo estaba en la orilla. Una orilla como de playa, a pesar de lo de río, muy parecida a la de Ocean Park, con el edificio ese destartalado detrás de las palmas, el que dicen que fue un hotel, y frente al cual una señora vende hot dogs desde los noventas, o vendía, porque hace tiempo que no voy. Me quité los audífonos y puse en el suelo la botella blanca que tenía y cerré los ojos un poquito, como hacemos los miopes para ver mejor. No me había confundido: el hombre de la caja por cabeza caminaba hacia mí. A pesar de su ritmo, de su actitud nonchalant, supe que tenía que huir.
Justo antes de que echara carrera, recordé que había una novela de Kobo Abe que se llamaba The Box Man , y que según su sinopsis se trataba de un hombre que tenía una caja por cabeza. Nunca la he leído, pero recordé que había visto su descripción en Amazon hace como cinco años, cuando leí dos veces corridas Woman in the Dunes, y sentía que me había tropezado con una joya. Así, con ese recuerdo relámpago, me percaté que soñaba.

2.
Hace tiempo que no ponía nada acá. Por eso, esto.

3.
El otro día fui a una lectura de poesía acá, y le compré un libro a uno de los tipos que leyó: Rauan Klassnik, el libro Holy Land. Son poemas cortos, buenísimos.
Acá uno:

The day he was hanged my wife and I sat at a bar, bewildered by the speed and beauty of a sushi chef. Everything he does—each wrap, each cut—says we are immortal. Especially when he plants the mutilated head and torso of a lobster in a bowl of ice, its long feelers tasting the air, and in a small dish its flesh. My wife’s hand is hot. I can feel eternity tightening around us. I can feel the bones in it gleaming. In the doorway of his cell, he looked at the guards as though they would tell him he had a chance—and we walked with him, to his death, singing.

4.
No quiero comentar nada acerca del cabrón de Oslo. A veces, la violencia debe ser enterrada: un vómito de silencio sobre el nombre del malhechor.

5.
Vi blues en vivo el otro día, en Blind Willy’s. El hombre tocaba su instrumento con los dientes. Y las parejas bailaban. Le tome una foto al saxofonista, porque cantaba mientras el bandleader descansaba, y lo hacía con lo que me pareció verdadera angustia azul.