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jueves, agosto 18, 2011

el joven escritor, por los próximos cien, dice Duchesne Winter

El joven escritor o la joven escritora de espacios subalternos como el nuestro, que quiere ingresar al laberinto literario en calidad de autor real (más que como personaje de ficción), en los próximos cien años tal vez necesite comportarse, como todo intruso de cualquier procedencia, cual un genuino usurpador. Es posible que desee robar identidades a diestra y siniestra para confeccionar un ideal del sujeto de enunciación que le permita articular su escritura de manera estéticamente satisfactoria. Pero demás, dado su posicionamiento subalterno en el sistema cultural dominante, es posible que nuestro joven escritor precise recurrir a las artes del canibalismo lingüístico y estético. Quizás desee devorar todo tipo de seres sígnicos para alcanzar alguna metamorfosis de la fuerza. No hablamos aquí de las artes del mercadeo y publicidad del producto literario, sino del trabajo puramente escritural con el texto. Lo que los textos producidos por los autores puertorriqueños de los próximos cien años no pueden permitir es que se justifique de manera alguna colocarlos en el espacio de “local interest”.

Ciudadano insano: ensayos bestiales sobre cultura y literatura, Juan Duchesne Winter Estaré poniendo algunos pedazos de este libro aquí, que ya cumple diez años, porque me parece genuinamente lleno de aciertos

la irrupción abrupta del stacatto, ríos avila sobre manuel ramos otero

A veces me molesta la apropiación de Ramos Otero por cierto grupo de escritores puertorriqueños (entiéndase: aquellos que escriben, o aquellos que performan escritores, me da igual) que, me parece, lo han malinterpretado. Digo, la malinterpretación es también una forma de interpretar, de leer, de esto que su lectura no sea equívoca (no hay tal cosa); de esto que el problema sea mío, que la molestia que me hace insultar el Facebook (espacio de figureo par excellence) de vez en cuando sea algo muy personal y que poco realmente tiene que ver con ellos. Por eso me alegra tropezarme con esta lectura de don Manuel R.O hecha por Rubén Ríos Avila en su libro La Raza Cómica: del sujeto en Puerto Rico. Esto dicho, me pongo a pensar que quizás la lectura que he tenido siempre del difunto proviene, en primer lugar, de este libro, que mientras lo leo ahora, recuerdo repentinamente haber consumido cuando llegué a Río Piedras, y que parece que internalicé, antes de crecer barba. Ni idea.

Por eso resulta tan inquietante la escritura de Ramos Otero, precisamente porque no ha habido en la literatura puertorriqueña una obra tan radicalmente movilizada como una poética de la anticensura. Para empezar, nunca antes habíamos sido testigos de una exhibición de “individualidad poética” tan insolente, abierta y provocadora. Se trata de una completa estrategia de individualidad, cuya táctica más efectiva no es necesariamente el confesionalismo, aunque esté ahí, ni el narcisismo, aunque también esté. Ni tan siquiera el exhibicionismo sexual […] Me parece que la táctica más peligrosa es ser un escritor entregado a la voluntad de estilo, al diseño de un discurso donde, si partimos de la máxima del Varón (Le style c’est l’homme), el hombre no es, sino que desaparece bajo el estilo. La escritura de la nación no se supone que llame la atención a sus tics, a sus pequeñas e inútiles idiosincrasias, a las recurrentes firmas perturbadoras que obstruyen el mensaje, o más aún, el reclamo inaplazable del llamado. No nos confundamos: Ramos Otero está lejos de ser un estilista o maestro del estilo. Precisamente se trata de lo contrario: aquí el estilo produce una escritura rota, sucia, a veces inclusive torpe, aberrante, distorsionada, caprichosa, insistiendo con sus lapsos de vulgaridad en el seno de despegues líricos frustrados en que la armonía no puede existir en donde siempre queda el remanente nervioso de un ruido inapagable. Su página en blanco sólo puede ser visitada por la irrupción abrupta del staccato.

martes, agosto 16, 2011

una mariconería buscada por cierta literatura puertorriqueña, dixit Duchesne Winter

Para extender la breve sugerencia de Aira con respecto a la literatura puertorriqueña, basada en su lectura de Rodríguez Juliá, esbocemos lo nacional como adjetivo autológico. Lo nacional se aboca al efecto reflejo deslizable por sobre los sustantivos de la Historia y el Estado modernos. Lo nacional se constituye en la utopía autológica de la frivolidad al sustituirse la ausencia de una épica nacional por su fantasma, tal como sucede en la novela de Rodríguez Juliá, la cual imagina una épica cimarrona nacional que nunca ocurrió. En su novela también se toma en serio lo otro, es decir, el reflejo, el revés del mundo, como hace la protagonista de Aira ya citada, llamada Patri, quien rechaza a los hombres sustantivos, a los “hombres de verdad”, que le recomienda su madre, pero acepta la extraña invitación de unos fantasmas desnudos. Es importante el detalle de que la madre le ha advertido a Patri que si esos hombres son fantasmas, no pueden ser hombres de verdad, sino maricones, implicando que todo lo que no es real, es decir, todo lo fantasmático como la ensoñación y la literatura, es una mariconería. Se esbozaría a partir de este paralelo posible una nacionalidad fantasmal, ensoñada, imaginada, que resaltaría ser una mariconería buscada por cierta literatura puertorriqueña reciente como reflejo de ella misma. En lugar de hacer la patria con la acción directa, los escritores se dedican a la mariconería de imaginarla. En lugar de buscar lo sustantivo histórico, lo sustantivo soberano del estado nacional, lo serio, el literato acepta la invitación de lo otro: el deslizamiento autológico, el resbalamiento adjetival por esas reiteraciones del acto del reflejo de sí. El autor puertorriqueño es un narciso que resbala contra toda advertencia patri-materna hacia su adjetivo imaginario: el que comienza a resbalar—reza el interdicto albizuista—no se detiene hasta que se parte el espinazo.

Ciudadano insano: ensayos bestiales sobre cultura y literatura, Juan Duchesne Winter
Estaré poniendo algunos pedazos de este libro aquí, que ya cumple diez años, porque me parece genuinamente lleno de aciertos.

miércoles, abril 22, 2009

poema a los veinte años, de abreu

1.
Anteriormente he comentado que me agrada y gusta el trabajo de Manuel Abreu Adorno ('55-'84). Hasta el momento he leído sus trabajos en prosa y alguna de su poesía, sentado en alguna librería, ojeando una vieja edición del poemario El sonido de lo innombrable y otros poemas que aún queda apretado en los anaqueles, pero que no he podido comprar por no coincidir a un nivel monetario. Tiene algo, el individuo, de 'este lado del siglo veinte', que no tiene la mayoría de la prosa de la centuria pasada.
2.
Todo esto para poner dos poemas que arranqué/tomé prestado del blog transversartefacta de Mara Pastor. Me gusta la idea de Mara de ritos que se descubren por si mismos, de poemas que nos saltan en días específicos. Sin más preambulos, la entrada de Mara, y al final, los dos poemas. La entrada original pueden leerla aquí, pero de todos modos la pongo acá:

martes, abril 21, 2009

Leía en "Poesiaoi: antolojía de la sospecha" (1978), edición de Joserramón Melendes, los poemas de Manuel Abreu (San Juan 1955 –París, 1984). Sus textos más conocidos son No todas las suecas son rubias(ICP, novela), o "LLegaron los hippies" (1978). Hoy, 21 de abril, era su natalicio, y no lo leía por esta razón, aunque a veces los ritos se descubren solos. Aquí "Poema a los veinte años" (1975):


lunes, marzo 02, 2009

manifestofilia

1.
Confieso que me divierte leer los manifiestos de las “vanguardias” literarias de la primera mitad de siglo veinte. Hasta hace algunos meses sólo había tenido acceso a aquellos de las más famosas, las antologadas en libros acerca de las vertientes latinoamericanas de este movimiento masivo (el de “romper”). De las cuales, no debe sorprender, los de las vanguardias puertorriqueñas no formaban parte. No obstante, me tropecé, a principios de este año, con un viejo ejemplar de Nuestra Aventura Literaria de Luís Hernández Aquino publicado en el 1964, reimpreso en el 1980, que me regaló Juanluís tras tropezarse con una montaña de ejemplares en venta a un dólar, en un almacén de liquidación en la Ponce de León.
2.
En enero, además, descubrí al poeta Graciany Miranda Archilla, gracias a una clase que dicta Félix Córdova. No debo ocultar que es mi obsesión del mes, junto al poeta estadounidense Morri Creech (sacado de la biblioteca de Samuel). Y motivado por la curiosidad acerca de este poeta, rebusqué entre mis libros hasta tropezarme con el libro que mencioné en el punto anterior. En las últimas páginas de este, se encuentran algunos manifiestos escritos por Clemente Soto Vélez y Graciany bajo los títulos Acracia Atalayista y Manifiesto Atalayista. Y son tan geniales y juveniles como el resto de los manifiestos, cargan esa ilusión ingenua de los poetas de “vanguardia”, ese atrevimiento perspicaz que estoy seguro que no se creen ni ellos mismos, pero que les permitió retar al establishment y crear un poquito de revuelo en los finales de la segunda década del siglo pasado.
3.
A continuación, una de mis líneas favoritas de Acracia Atalayista, escrita por Soto Velez, quien se titulaba el Atalaya de los Dioses, y publicado el 16 de septiembre del 1929 en el periódico El Tiempo, página 4:
Nuestro hiparca atalayista Graciany Miranda Archilla, dice: «Puerto Rico antes de nosotros no había tenido poetas.» Maravilloso acierto. Si afirmamos por ejemplo, que un versifgicador es un poeta, Puerto Rico ha tenido un millón de poetas. Ahora, si decimos que un poeta es un creador, un inventor, un constructor de mundos, se reafirma lo que dice nuestro hermano Archilla. Un versificador no sabe más que hacer consonantes. ¿Podría un versificador darle a un río la forma de una estrella? Y así, agarrados de las cabelleras de los huracanes de la libre emoción, retamos al universo desde las torres de nuestra Atalaya”

lunes, febrero 16, 2009

tiras de seda

Para prolongar la línea de escasez que he tomado las últimas semanas en este espacio, los dirijo al nuevo blog del compañero de cómo-sea-que-se-llame-nuestro-grupo slash generación slash promoción, Rubén Ramos, Silk. No se trata, según entiendo, de que el blog anterior haya muerto, sino que ha sido concluido. Entiendo que es así que él, como otros, ve el blog como espacio: un lugar en el que sólo caben ciertas cosas, una colección, una antología con equis cantidad de años, con fecha de expiración. En Silk, su trabajo toma una vuelta distinta, o va tomando una vuelta distinta, o me parece que toma una vuelta distinta al anterior, por ejemplo, el poema makes Jack a dull boy:
a)duermo b) sueño c)juego no sé hacer otra cosa: eso y mentir.
Además, va intercalando lo escrito con lo visto, por ejemplo, la fotografía titulada identity:

viernes, octubre 24, 2008

otoño, 7: bauzá (literatúr portoricensis)

1. Ya van casi tres años de haber descubierto la narrativa de Manuel Ramos Otero; un poco después, me tropecé con la cuentística de Pedro Cabiya, Abreu Adorno, Tomás Ramírez. Hace algunas semanas, conseguí Pez de Vidrio de Mayra Santos-Febres, del cual el cuento La Escritora me voló la cabeza. Y ayer en la tarde, rebuscando en el catálogo en línea de la Biblioteca Lázaro, me precipité sobre La Sustituta y otros cuentos de Juan Lopez Bauzá, el cual ya casi termino.

2. No tengo problema con aceptar que mi interés con la literatura puertorriqueña comenzó como un pasatiempo forzado. Una iniciativa de partir a conocer al contexto del cual provengo. Hasta mi primer semestre de la universidad, conocía las lecturas obligatorias de la Escuela Superior, por las cuales no tenía ningún cariño. Con la excepción de La Carreta, de René Márquez. Inclusive, recuerdo que en mi segunda clases de mi año de prepa en la UPR, durante una clase de Introducción a la Literatura Española me empeñé en diatriba contra La Charca de Zeno Gandía, quejas de estudiante ignorante recién salido de escuela privada, recién salido de la masacre de una deficiente maestra de literatura, y la profesora me paró en seco. Me miró de reojo y me preguntó si yo estaba consciente de mis palabras. Algo dijo que no recuerdo, algo relacionado con la literatura nacional que olvidé. Pero esa primera oración—¿estás consciente de tus palabras?—me hizo reevaluarme. Llegué a casa de mis padres, aún no me hospedaba, y releí La Charca. Me obligué a hacerlo. Y descubrí lo erróneo que había estado. Descubrí que era y es una novela quintesencial. Sé que en una relectura, especialmente ahora, descubriría aún más. Justo antes de emprender en las páginas del Zeno, había terminado de leer Cien años de Soledad y me había prometido que intentaría leer las novelas del boom—las encontré en una caja de mi padre, quien al parecer las había leído en algún momento—para adentrarme más a conocer la literatura hispanoamericana. Eso hice, pero a la literatura hispanoamericana le sumé la literatura puertorriqueña. Salí adónde un compañero de un taller que tomaba en esos entonces, el primero de los dos talleres de cuentos de los que he participado (el resultado del cuál está en el libro En el vientre de una isla, publicado dos años después en Abrace, 2006) y le pedí algunos libros de literatura local. Me pasó Gloria de Elidio Latorre Lagares y me lo tragué. Aún recuerdo la sensación que me produjo, un agrado diferente, mas no era exactamente lo que buscaba, tampoco me había encantado. No me pareció una gran novela, sinceramente. Pero lo que si me hizo ver fue que estaba extremadamente equivocado acerca de los temas tratados por los escritores boricuas. No fue hasta leer Exquisito Cadáver y Sirena Selena Vestida de Pena, y descubrir la existencia de Póstumo el Transmigrado, ese mismo año, que me percaté de otra cara de la literatura puertorriqueña.

3. Edición esquelética del Editorial de la Universidad de Puerto Rico. A duras penas setenta páginas. Negro, con una franja azul cielo. Una imagen rectángulada, una mujer sonriendo. No le vemos los ojos. El título está en minúsculas. En letras blancas. En una esquina, algún bibliotecario le escribió PR 863 L8646s c.2. Merman los excesos. Nada acerca del autor. Nada acerca del texto mismo, ni el recuerdo de una sinopsis, sólo una brevísima nota del compositor: Seis cuentos trabados en la armazón de lo azaroso con lo coordinado, de la extrañeza y el estrépito. Seis cuentos que proyectan vidas inyectadas con sustancias muy otras.

4. Pero, ¿cómo uno se entera si no es por empeño propio? ¿Cómo uno descubre que desde hace tiempo escapamos del campo, del insularismo literario? ¿Cómo nos tropezamos con unos Página en blanco y Staccato de Ramos Otero, o un No todas las suecas son rubias de Abreu Adorno, o un Historias Atroces de Cabiya, o los cuentos de Juan Antonio Ramos, de Tomás Ramírez, o el Breviario de Juan Carlos Quiñones?
¿Es posible? Me pregunto. Sí, la industria editorial en Puerto Rico está hinchándose. Sí, se están publicando una cantidad enorme de libros. Pero también está surgiendo una inmediatez desfachatada. Me doy cuenta con compañeros, conocidos, y gente que veo en algunas clases y que declaman en voz alta a qué escritor/escritora/poeta/poeto/poetiza/poetastro conocen, que sólo se recuerda, se habla, y se nombran los libros publicados la semana anterior—sin necesariamente haberlos leídos. Y no es que esto sea malo. Seria imposible vivir recordando todos los textos publicados el año pasado.
Acepto que esto me surge de vez en cuando, al tropezarme con libros como el de Juan López Bauzá, que cumple once años este dosmilocho. Tampoco tengo una solución, o un manifiesto para declarar. Sólo pregunto ¿cómo es posible que textos tan buenos no se mencionen? Entendería su invisibilidad si me dijesen que se han publicado un maratón de colecciones de cuentos buenas en los pasados cinco, seis años. Pero sólo he logrado atrapar una que otra.

5. La mujer negra, cuyo campo visual quedaba en dirección a la puerta, le prestó más atención a la ortografía de sus contornos, al conglomerado de vello de la señora. El pelo: un complejísimo enjambre de moños y remolinos atornillados vertiginosamente, y de un matiz como si se le hubiesen derramado la noche encima; las patillas, poca diplomáticas, desparramadas a manera de alfombrilla por los lados de la cara hasta derrumbarse en la papada como una barba de corsario; en los brazos unos pelos largos y prietos, formidables para enramarlos en trenzas , contrastaban acusadamente con su piel de grasa cruda, a través de cuya membranosa superficie aparecía una retícula horripilante de venitas en diferentes azules, abajo, sumergida, como una escritura antigua; era el mismo tipo de pelambre que sobre el labio le formaba un bigotillo duro y mal cuidado. La prieta, al verla, mudó de color, mudó de palabra y voz, y procedió a aferrarse tenazmente a los brazos de su amante para evitar que hubiese allí una escena. Y efectivamente, no hizo el joven muchacho más que verla pasar por su lado que ya estaba forcejeando con su novia para caerle encima a la señora y darle de bofetadas. (página 4, La Sustituta y otros cuentos, J. López Bauzá).

6. “Sustancias muy otras”. Me gusta eso.

martes, junio 24, 2008

Segundo Número de Revista AC, Convocatoria

(VERSIÓN PDF)

El Segundo Número de Agentes Catalíticos experimentará con los temas relacionados a la Ciencia Ficción, por lo cual, las colaboraciones que coqueteen con este amplísimo género tendrán prioridad. Sin embargo, consideraremos todo tipo de texto, pues el acercamiento será uno—en mayor escala—editorial.

1. Podrán concurrir escritores de cualquier nacionalidad.

2. Exigimos que los trabajos sean originales e inéditos (en inglés y/o español), con la única exepción que sólo se haya publicado fuera de la isla. Esto incluye blogs o cualquier medio impreso.

3. Los trabajos se deben enviar en una letra legible de 12 pt. de tamaño a espacio doble y justificado (e.g. Times New Roman).

6. Cuentos y fragmentos de novela no deben sobrepasar 6,000 palabras de extensión.

7. Micro-cuentos no deben sobrepasar cerca de 300-500 palabras.

8. En el género de poesía:

a. Preferimos colecciones de poesía sobre poemas individuales (mínimo de 2 poemas, máximo 5).

b. Si se trata de una colección de poemas, es necesario que lleve título aparte de los poemas individuales.

c. Cada poema no puede sobrepasar de 40 versos.

9 . Toda colaboración debe venir con una pequeña biografía adjunta, en la que se incluya país de procedencia, publicaciones anteriores y dirección de página web o blog, si la tiene.

10. La Mesa Editora se reserva el derecho de editar errores gramaticales, de sintaxis, y de concordancia sin informarle al autor. Cualquier cambio de mayor implicación, sólo se hará con el consentimiento del autor.

11. Las colaboraciones deben ser enviadas al correo electrónico a: cataliticos@gmail.com.

12. El documento debe estar en formato Microsoft Word Compability Mode [.doc] o en Rich Text Format [.rtf]

13. Se le contactará a los autores para informarle la decisión de la Mesa Editora tan pronto sea posible.

14. El autor se reserva todos los derechos sobre el material sometido, aunque el mismo podrá ser utilizado por la Mesa Editora, sin permiso alguno, para uso promocional, impreso, o electrónico.

15. Fecha final de entrega: 20 de julio de 2008.

viernes, noviembre 30, 2007

La muerte de mamá

Play.

Al recibir la noticia de que su madre había muerto, el protagonista del libro de Yván Silén, La Muerte de Mamá, no puede evitar el golpe de risa que lo sobretoma. No se trata de un estrépito de felicidad, ni mucho menos de karma… se trata del primer disparo a quemarropa del viaje absurdo, surrealista, y completamente insano que es el texto de Silén.

Pausa.

El jueves pasado emprendí la misión de buscar una novela boricua en La Tertulia, ya que estaba terminando de escribir una (no muy buena) y necesitaba referentes, sin darme cuenta lo pocas que son. Aquí hago una aclaración: Estaba buscando novelas más o menos contemporáneas, después del dos mil tres, más allá de las publicadas por Callejón [me refiero a La Inutilidad (de hace varios años y okay), y más recientemente El Killer, El Peor de Mis Amigos], del reguero de e-mails de Luis López Nieves [El Corazón de Voltaire], de las que ha sacado Alfaguara últimamente y las de Mayra Santos-Febres. En resumen: buscaba una novela de la cual no hubiese escuchado mucho, una novela que pudiera pasarse por mi novela.

Encontré tres particularmente interesantes: primero, La muerte de mamá, segundo, Cártago de Mara Negrón y tercero El Archivo Catalina, del director de la Escuela de Comunicación de la UPR, Eliseo Colón. Antes de comprarlas, hice algunas llamadas, ya que el dinero estaba apretado, a ver quién me las podía prestar. El compañero Juan Luis Ramos me ofreció la de Silén, y la Librería de la Universidad, me ofreció la de Colón (del 2002) al deliciosísimo precio de 1 dólar con 15 centavos (están en liquidación).

Pausa.

Pero bueno, Silén:

Play.

Silén es el autor de Los Poemas de Fili-Melé y de La Biografía, nació en el ’44, si mal no recuerdo, es filósofo, poeta y narrador y declaro mi total ignorancia al respecto de su obra y su persona. Apenas había escuchado de él, por lo cual me enfrenté a su texto tabula rasa.

Y fue lo mejor que pude hacer.

Como dije anteriormente, La muerte es un viaje casi edipál, y no sé si alguien me pudiese llevar la contraria. El personaje nos cuenta la historia de su madre, de su santa madre. Una mujer adinerada que le dona dinero al municipio de San Juan, pero que es más protestante que Lútero y que lo sigue hasta a la Universidad. Una mujer loca; una mujer sana; una mujer bella; una mujer reprimida; una mujer dictatorial; una madre padre; una madre-Eva; una madre-Yocasta. Y, consecuentemente, la historia de su madre es su historia; de profesor en el exilio, de profesor en la isla, de estudiante que fuma marihuana en la universidad, de muchachito joven, de muchachito enamorado y de Judith. La bella Judith, muchachita de clase alta de la cuál se enamora el personaje, llamado Ivánoskar. Incluye: conversaciones con caballos, caballos plateados, perros satánicos, y una última cena antropofágica.

La muerte de mamá es una LOCURA.

Pero como todas las locuras, es deliciosa. La forma de escribir, la escritura misma es el experimento. Jamás podemos distinguir si el personaje es el autor, o si el autor se ha convertido en el personaje, pues hace constantes referencias a una La Biografía que está escribiendo (así se llama una obra anterior de Silén), al igual que a otras situaciones que podrían ser paralelas.

No conozco la obra anterior de Silén, por lo cual tal vez cojee de la pata más importante; pero si es todo un juego, y no es necesario conocer lo que vino antes, la novela te hace sentir exitosamente como si tú fueses el loco, por estar jugando parte del ritual, por leerla.

Pausa.

El compañero Juan Luis me preguntó qué pensé de la novela, cuando la terminé, tres días después, y la única respuesta que le pude dar es que era una de las cosas más locas que había leído (y no me refiero loca en un sentido cool y trivial).

Se me hace difícil poder explicar y describir el texto sin recurrir al reguero que acaban de presenciar y tal vez éste es el logro de la obra. Esa imposibilidad de narrarla sin haberla leído. Tal vez la mejor explicación y la más cuerda sería: La muerte de mamá se trata de la muerte de mamá. (¿Qué mamá? La mamá de todos. La mamá de Ivanoskar. La mamá de Yván Silén. Mi madre, tu madre, ¿Qué importa?)

Stop/Eject.

[La muerte de mamá. Yván Silén. Instituto de Cultura Puertorriqueña. 2004. 79 páginas.]