miércoles, diciembre 05, 2018
People who go to the beach alone, un cuento traducido
jueves, diciembre 01, 2016
good people, un relato
Good people
by Sergio Gutiérrez Negrónlunes, noviembre 04, 2013
solve for W (o, Problem), un cuento de Lydia Davis
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| Lydia Davis. Foto original de Don J. Ulsner. Rayitas, mías. |
miércoles, febrero 22, 2012
una casa, un cuentito
viernes, enero 27, 2012
comforter, un cuentito
| Candler Park de mañanitas, otra vez. |
martes, diciembre 06, 2011
oreja derecha, meñique de un pie; un cuento
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| Foto tomada justo en el momento en el que aconteció el regalo. (Propiedad del quirófano). |
viernes, diciembre 02, 2011
omoplato, escritura
Quizás la mejor forma de diferenciar lo que escribo sería por fechas. No porque estos números signifiquen algo, sino porque así podría hacer un paralelo y ver cómo fue afectada mi escritura cuando equis le pasó a mi cuerpo. Por ejemplo, ¿existe una prueba textual, un trazo, que esté ligado a la operación a la que me sostuve en marzo, en la que un pedazo de mi cuello fue removido? ¿Cambiará algo cada vez que mi miopía empeora, o cada vez que gano o pierdo una libra? ¿No serían estas divisiones un poco más lógicas que aquellas que me dicen que lo literario está separado de lo académico, si es que existe tal cosa como lo uno o lo otro? ¿Y quién me dice esto sino yo mismo, porque nunca, en realidad, lo he escuchado de alguien?
Y estas preguntas me las hago haciéndole eco a Mario Bellatin, supongo. Aunque no me gusta Bellatin, no me gusta si uno habla del gustar como eso que te divierte, o eso que te incomoda, o eso que te causa cosquillitas en algún lugar entre el costado y el dedo índice del pie, siempre un poquito más largo del gordo. No me gusta Bellatin pero una y otra vez en lo que escribe brillan estas pequeñas marcas, pequeñas huellas, que bien pueden aburrir a veces, pero que insisten en que el espacio de la literatura, de la obra incompleta es el cuerpo y siempre es el cuerpo (que no es ni un adentro ni un afuera), porque el cuerpo es el que escribe, y el cuerpo es el que lee, y cuando lees mucho rato sin parar tienes que cambiar de posición, tienes que reacomodarte en la silla, o acostarte bocabajo, y eso creo que lo dijo Mayra en un ensayo, lo de leer con el cuerpo, aunque lo dijo quizás con un poquito más de zas, de zas caribeño, y yo le huyo al zas caribeño porque simplemente me gusta leerlo y no escribirlo porque hay quien abusa, abusa y abusa y entonces ni se da cuenta que abusa, y eso algo también debe tener con el cuerpo. Pienso todo esto cada vez que llego a este momento en el semestre, o en realidad, esta es la primera vez que lo pienso, que lo pienso porque me veo atraído a este asunto y comienzo a ver que leer, leer bien, me enseña por qué leo en primer lugar, o me acerca a esa pulsión que me hace leer, y no a la que me hace escribir, pero supongo que son las mismas, o que están relativamente cercanas, porque aunque tenga la una en el talón de mi pie derecho, lo más lejos a lo que la otra puede llegar es a mi coronilla que algún día será calva.
miércoles, febrero 11, 2009
fantasmagoria
viernes, octubre 24, 2008
otoño, 7: bauzá (literatúr portoricensis)
1.
Ya van casi tres años de haber descubierto la narrativa de Manuel Ramos Otero; un poco después, me tropecé con la cuentística de Pedro Cabiya, Abreu Adorno, Tomás Ramírez. Hace algunas semanas, conseguí Pez de Vidrio de Mayra Santos-Febres, del cual el cuento La Escritora me voló la cabeza. Y ayer en la tarde, rebuscando en el catálogo en línea de la Biblioteca Lázaro, me precipité sobre La Sustituta y otros cuentos de Juan Lopez Bauzá, el cual ya casi termino.2. No tengo problema con aceptar que mi interés con la literatura puertorriqueña comenzó como un pasatiempo forzado. Una iniciativa de partir a conocer al contexto del cual provengo. Hasta mi primer semestre de la universidad, conocía las lecturas obligatorias de la Escuela Superior, por las cuales no tenía ningún cariño. Con la excepción de La Carreta, de René Márquez. Inclusive, recuerdo que en mi segunda clases de mi año de prepa en la UPR, durante una clase de Introducción a la Literatura Española me empeñé en diatriba contra La Charca de Zeno Gandía, quejas de estudiante ignorante recién salido de escuela privada, recién salido de la masacre de una deficiente maestra de literatura, y la profesora me paró en seco. Me miró de reojo y me preguntó si yo estaba consciente de mis palabras. Algo dijo que no recuerdo, algo relacionado con la literatura nacional que olvidé. Pero esa primera oración—¿estás consciente de tus palabras?—me hizo reevaluarme. Llegué a casa de mis padres, aún no me hospedaba, y releí La Charca. Me obligué a hacerlo. Y descubrí lo erróneo que había estado. Descubrí que era y es una novela quintesencial. Sé que en una relectura, especialmente ahora, descubriría aún más. Justo antes de emprender en las páginas del Zeno, había terminado de leer Cien años de Soledad y me había prometido que intentaría leer las novelas del boom—las encontré en una caja de mi padre, quien al parecer las había leído en algún momento—para adentrarme más a conocer la literatura hispanoamericana. Eso hice, pero a la literatura hispanoamericana le sumé la literatura puertorriqueña. Salí adónde un compañero de un taller que tomaba en esos entonces, el primero de los dos talleres de cuentos de los que he participado (el resultado del cuál está en el libro En el vientre de una isla, publicado dos años después en Abrace, 2006) y le pedí algunos libros de literatura local. Me pasó Gloria de Elidio Latorre Lagares y me lo tragué. Aún recuerdo la sensación que me produjo, un agrado diferente, mas no era exactamente lo que buscaba, tampoco me había encantado. No me pareció una gran novela, sinceramente. Pero lo que si me hizo ver fue que estaba extremadamente equivocado acerca de los temas tratados por los escritores boricuas. No fue hasta leer Exquisito Cadáver y Sirena Selena Vestida de Pena, y descubrir la existencia de Póstumo el Transmigrado, ese mismo año, que me percaté de otra cara de la literatura puertorriqueña.
3. Edición esquelética del Editorial de la Universidad de Puerto Rico. A duras penas setenta páginas. Negro, con una franja azul cielo. Una imagen rectángulada, una mujer sonriendo. No le vemos los ojos. El título está en minúsculas. En letras blancas. En una esquina, algún bibliotecario le escribió PR 863 L8646s c.2. Merman los excesos. Nada acerca del autor. Nada acerca del texto mismo, ni el recuerdo de una sinopsis, sólo una brevísima nota del compositor: Seis cuentos trabados en la armazón de lo azaroso con lo coordinado, de la extrañeza y el estrépito. Seis cuentos que proyectan vidas inyectadas con sustancias muy otras.
4.
Pero, ¿cómo uno se entera si no es por empeño propio? ¿Cómo uno descubre que desde hace tiempo escapamos del campo, del insularismo literario? ¿Cómo nos tropezamos con unos Página en blanco y Staccato de Ramos Otero, o un No todas las suecas son rubias de Abreu Adorno, o un Historias Atroces de Cabiya, o los cuentos de Juan Antonio Ramos, de Tomás Ramírez, o el Breviario de Juan Carlos Quiñones?
¿Es posible? Me pregunto. Sí, la industria editorial en Puerto Rico está hinchándose. Sí, se están publicando una cantidad enorme de libros. Pero también está surgiendo una inmediatez desfachatada. Me doy cuenta con compañeros, conocidos, y gente que veo en algunas clases y que declaman en voz alta a qué escritor/escritora/poeta/poeto/poetiza/poetastro conocen, que sólo se recuerda, se habla, y se nombran los libros publicados la semana anterior—sin necesariamente haberlos leídos. Y no es que esto sea malo. Seria imposible vivir recordando todos los textos publicados el año pasado.
Acepto que esto me surge de vez en cuando, al tropezarme con libros como el de Juan López Bauzá, que cumple once años este dosmilocho. Tampoco tengo una solución, o un manifiesto para declarar. Sólo pregunto ¿cómo es posible que textos tan buenos no se mencionen? Entendería su invisibilidad si me dijesen que se han publicado un maratón de colecciones de cuentos buenas en los pasados cinco, seis años. Pero sólo he logrado atrapar una que otra.
5. La mujer negra, cuyo campo visual quedaba en dirección a la puerta, le prestó más atención a la ortografía de sus contornos, al conglomerado de vello de la señora. El pelo: un complejísimo enjambre de moños y remolinos atornillados vertiginosamente, y de un matiz como si se le hubiesen derramado la noche encima; las patillas, poca diplomáticas, desparramadas a manera de alfombrilla por los lados de la cara hasta derrumbarse en la papada como una barba de corsario; en los brazos unos pelos largos y prietos, formidables para enramarlos en trenzas , contrastaban acusadamente con su piel de grasa cruda, a través de cuya membranosa superficie aparecía una retícula horripilante de venitas en diferentes azules, abajo, sumergida, como una escritura antigua; era el mismo tipo de pelambre que sobre el labio le formaba un bigotillo duro y mal cuidado. La prieta, al verla, mudó de color, mudó de palabra y voz, y procedió a aferrarse tenazmente a los brazos de su amante para evitar que hubiese allí una escena. Y efectivamente, no hizo el joven muchacho más que verla pasar por su lado que ya estaba forcejeando con su novia para caerle encima a la señora y darle de bofetadas. (página 4, La Sustituta y otros cuentos, J. López Bauzá).
6. “Sustancias muy otras”. Me gusta eso.
sábado, agosto 18, 2007
El Arte es un Engaño
El arte no es magia; para nada comparte la misma raíz que el conejo que se crea del vacío del sombrero. El artista no es un mago, el artista es el ingeniero de robots que crea, luego de treinta años, el módulo perfecto de inteligencia artificial, y luego, en la noche, antes de presentarlo ante la junta de síndicos de su empresa, quema los papeles, quema los diarios y libretas de anotaciones que tanto protegió por años, para poder decir, frente al micrófono, que la idea se le ocurrió en la noche, mientras soñaba y bebía café, despreocupado.
El artista siempre plagia; el artista siempre observa con envidia. El artista es Narciso frente a su reflejo. El artista se mata creando su Obra Cumbre pero da a entender que la Obra Cumbre lo mató a él.
El artista no te dice que se inspiró de Mengano, no, el artista se lo dedica a Fulano, dice que sus influencias son Zutano, y cuando le preguntan si cree que hay alguna relación entre su obra y la de Megano, dice que no, que jamás había escuchado de él.
El arte es el engaño mejor vendido. El arte es el secreto mejor guardado por la raza humana. El arte no existe. La Potencia a Arte es criada en jaula, y acomodada en lo pequeño de un sombrero, para que, frente al público, parezca aparecer de la nada.
El artista no se inspira, el artista trabaja.
El artista no sueña con ganar el nobel, el artista sabe que lo ganará.
La grandeza y la humildad no se criaron juntas y al conocerse se dan las espaldas.
El mundo se compone de falsas modestias y de grandes piezas de arte avant-garde que no son nada más que experimentos a larga duración. El arte no es místico. El arte no impresiona. El arte es renombre y publicidad. El ojo artístico es un sabor adquirido. El arte pesa. El arte se arrastra.
El arte y dios comparten la misma raíz nula, el arte y dios son sinónimos, arte=dios.
El artista nace ateo.
La Potencia a Arte tiene que ver a través del ventrílocuo antes de poder utilizar su propia marioneta.
El arte; cito a Mayra Santos en su clase: "escribir es rescribir, puñeta, escribir es rescribir".
El arte jamás escoge su obra favorita: Cervantes, cuando le preguntaron acerca de su obra, dijo que el Quijote para nada era su favorito. Que era un aborto, un fracaso. Y su modestia se volvió inmortal. Cervantes es un genio artista porque creó una obra sin saber lo que hacía. En las noches, Cervantes miraba su libro publicado y sonreía. Las batallas que sobrevivió habían valido la pena. El arte es ese engaño.
El arte es pariente de Ouroborous. El artista tiene que mentir para inmortalizarse: Borges no sólo tuvo una experiencia mística, sino que, según él, tuvo dos. Borges escribió "Arte Poética" explicando que el arte "tiene que ser como ese espejo, que nos revela nuestra propia cara" por que si alguien conocía lo que era el arte, fue ese argentino. Borges leyó todo. Borges vivió en su biblioteca. Dominó la poesía y le llamaron poeta. Dominó la prosa, y le llamaron cuentista. Dominó la mística, y lo coronaron místico. Borges conocía el poder de su propia mortalidad y lo utilizó para inmortalizarse. Eso es arte. Le tomó toda su vida terminar su mejor cuento: un mito aún más poderoso que cualquier ruina circular: Borges, el Genio.
El Arte es Atlas cargando el gran peñón. El arte es tener una meta y hacer todo lo posible para lograrla. El arte se sacrifica y sacrifica a otros, porque si no lo hace, no es arte.
Al arte la palabra le queda muy grande. Al artista, su sustantivo le guinda.
Es todo una ficción, una horrible y fatídica ficción.
Lo que intento decir es que el arte no existe pero, coño, que rico sabe.





