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miércoles, abril 22, 2009

poema a los veinte años, de abreu

1.
Anteriormente he comentado que me agrada y gusta el trabajo de Manuel Abreu Adorno ('55-'84). Hasta el momento he leído sus trabajos en prosa y alguna de su poesía, sentado en alguna librería, ojeando una vieja edición del poemario El sonido de lo innombrable y otros poemas que aún queda apretado en los anaqueles, pero que no he podido comprar por no coincidir a un nivel monetario. Tiene algo, el individuo, de 'este lado del siglo veinte', que no tiene la mayoría de la prosa de la centuria pasada.
2.
Todo esto para poner dos poemas que arranqué/tomé prestado del blog transversartefacta de Mara Pastor. Me gusta la idea de Mara de ritos que se descubren por si mismos, de poemas que nos saltan en días específicos. Sin más preambulos, la entrada de Mara, y al final, los dos poemas. La entrada original pueden leerla aquí, pero de todos modos la pongo acá:

martes, abril 21, 2009

Leía en "Poesiaoi: antolojía de la sospecha" (1978), edición de Joserramón Melendes, los poemas de Manuel Abreu (San Juan 1955 –París, 1984). Sus textos más conocidos son No todas las suecas son rubias(ICP, novela), o "LLegaron los hippies" (1978). Hoy, 21 de abril, era su natalicio, y no lo leía por esta razón, aunque a veces los ritos se descubren solos. Aquí "Poema a los veinte años" (1975):


viernes, octubre 24, 2008

otoño, 7: bauzá (literatúr portoricensis)

1. Ya van casi tres años de haber descubierto la narrativa de Manuel Ramos Otero; un poco después, me tropecé con la cuentística de Pedro Cabiya, Abreu Adorno, Tomás Ramírez. Hace algunas semanas, conseguí Pez de Vidrio de Mayra Santos-Febres, del cual el cuento La Escritora me voló la cabeza. Y ayer en la tarde, rebuscando en el catálogo en línea de la Biblioteca Lázaro, me precipité sobre La Sustituta y otros cuentos de Juan Lopez Bauzá, el cual ya casi termino.

2. No tengo problema con aceptar que mi interés con la literatura puertorriqueña comenzó como un pasatiempo forzado. Una iniciativa de partir a conocer al contexto del cual provengo. Hasta mi primer semestre de la universidad, conocía las lecturas obligatorias de la Escuela Superior, por las cuales no tenía ningún cariño. Con la excepción de La Carreta, de René Márquez. Inclusive, recuerdo que en mi segunda clases de mi año de prepa en la UPR, durante una clase de Introducción a la Literatura Española me empeñé en diatriba contra La Charca de Zeno Gandía, quejas de estudiante ignorante recién salido de escuela privada, recién salido de la masacre de una deficiente maestra de literatura, y la profesora me paró en seco. Me miró de reojo y me preguntó si yo estaba consciente de mis palabras. Algo dijo que no recuerdo, algo relacionado con la literatura nacional que olvidé. Pero esa primera oración—¿estás consciente de tus palabras?—me hizo reevaluarme. Llegué a casa de mis padres, aún no me hospedaba, y releí La Charca. Me obligué a hacerlo. Y descubrí lo erróneo que había estado. Descubrí que era y es una novela quintesencial. Sé que en una relectura, especialmente ahora, descubriría aún más. Justo antes de emprender en las páginas del Zeno, había terminado de leer Cien años de Soledad y me había prometido que intentaría leer las novelas del boom—las encontré en una caja de mi padre, quien al parecer las había leído en algún momento—para adentrarme más a conocer la literatura hispanoamericana. Eso hice, pero a la literatura hispanoamericana le sumé la literatura puertorriqueña. Salí adónde un compañero de un taller que tomaba en esos entonces, el primero de los dos talleres de cuentos de los que he participado (el resultado del cuál está en el libro En el vientre de una isla, publicado dos años después en Abrace, 2006) y le pedí algunos libros de literatura local. Me pasó Gloria de Elidio Latorre Lagares y me lo tragué. Aún recuerdo la sensación que me produjo, un agrado diferente, mas no era exactamente lo que buscaba, tampoco me había encantado. No me pareció una gran novela, sinceramente. Pero lo que si me hizo ver fue que estaba extremadamente equivocado acerca de los temas tratados por los escritores boricuas. No fue hasta leer Exquisito Cadáver y Sirena Selena Vestida de Pena, y descubrir la existencia de Póstumo el Transmigrado, ese mismo año, que me percaté de otra cara de la literatura puertorriqueña.

3. Edición esquelética del Editorial de la Universidad de Puerto Rico. A duras penas setenta páginas. Negro, con una franja azul cielo. Una imagen rectángulada, una mujer sonriendo. No le vemos los ojos. El título está en minúsculas. En letras blancas. En una esquina, algún bibliotecario le escribió PR 863 L8646s c.2. Merman los excesos. Nada acerca del autor. Nada acerca del texto mismo, ni el recuerdo de una sinopsis, sólo una brevísima nota del compositor: Seis cuentos trabados en la armazón de lo azaroso con lo coordinado, de la extrañeza y el estrépito. Seis cuentos que proyectan vidas inyectadas con sustancias muy otras.

4. Pero, ¿cómo uno se entera si no es por empeño propio? ¿Cómo uno descubre que desde hace tiempo escapamos del campo, del insularismo literario? ¿Cómo nos tropezamos con unos Página en blanco y Staccato de Ramos Otero, o un No todas las suecas son rubias de Abreu Adorno, o un Historias Atroces de Cabiya, o los cuentos de Juan Antonio Ramos, de Tomás Ramírez, o el Breviario de Juan Carlos Quiñones?
¿Es posible? Me pregunto. Sí, la industria editorial en Puerto Rico está hinchándose. Sí, se están publicando una cantidad enorme de libros. Pero también está surgiendo una inmediatez desfachatada. Me doy cuenta con compañeros, conocidos, y gente que veo en algunas clases y que declaman en voz alta a qué escritor/escritora/poeta/poeto/poetiza/poetastro conocen, que sólo se recuerda, se habla, y se nombran los libros publicados la semana anterior—sin necesariamente haberlos leídos. Y no es que esto sea malo. Seria imposible vivir recordando todos los textos publicados el año pasado.
Acepto que esto me surge de vez en cuando, al tropezarme con libros como el de Juan López Bauzá, que cumple once años este dosmilocho. Tampoco tengo una solución, o un manifiesto para declarar. Sólo pregunto ¿cómo es posible que textos tan buenos no se mencionen? Entendería su invisibilidad si me dijesen que se han publicado un maratón de colecciones de cuentos buenas en los pasados cinco, seis años. Pero sólo he logrado atrapar una que otra.

5. La mujer negra, cuyo campo visual quedaba en dirección a la puerta, le prestó más atención a la ortografía de sus contornos, al conglomerado de vello de la señora. El pelo: un complejísimo enjambre de moños y remolinos atornillados vertiginosamente, y de un matiz como si se le hubiesen derramado la noche encima; las patillas, poca diplomáticas, desparramadas a manera de alfombrilla por los lados de la cara hasta derrumbarse en la papada como una barba de corsario; en los brazos unos pelos largos y prietos, formidables para enramarlos en trenzas , contrastaban acusadamente con su piel de grasa cruda, a través de cuya membranosa superficie aparecía una retícula horripilante de venitas en diferentes azules, abajo, sumergida, como una escritura antigua; era el mismo tipo de pelambre que sobre el labio le formaba un bigotillo duro y mal cuidado. La prieta, al verla, mudó de color, mudó de palabra y voz, y procedió a aferrarse tenazmente a los brazos de su amante para evitar que hubiese allí una escena. Y efectivamente, no hizo el joven muchacho más que verla pasar por su lado que ya estaba forcejeando con su novia para caerle encima a la señora y darle de bofetadas. (página 4, La Sustituta y otros cuentos, J. López Bauzá).

6. “Sustancias muy otras”. Me gusta eso.

viernes, septiembre 19, 2008

otoño, 4: 1978

1.
Van tres décadas.
Debería ser más específico: treinta años, un mes, y dos días desde que una máquina heredera de Gutenberg vomitara una tirada de dos mil fantasmagóricos ejemplares del libro Llegaron los hippies y otros cuentos de Manuel Abreu Adorno.
Fecha exacta: 17 de agosto del 1978. Año que comenzó un domingo. Año en el que el vuelo 855 de Air India azotó contra el océano, en las afueras de Bombay. Año en que se pasó el referendo que autorizó las políticas de Pinochet en Chile. Año en que se propagó el virus de protestas y huelgas en contra de Somoza, en Nicaragua. Año en el que Roman Planski huyó hacia Francia, luego de declararse culpable por tener sexo con una lolita de trece años. Año en el que en La República de la Gente de China se permitió leer, por fin, a Aristóteles, a Shakespeare, a Charles Dickens. Año en que unos empleados mexicanos de energía eléctrica se tropezaran con las ruinas de la Gran Pirámide de Tenochtitlan en el medio de la ciudad. Año en el que Karl Wallenda no pudo aguantar y cayó sobre un Cadillac en San Juan. Año en que el presidente Jimmy Carter pospuso la producción de una bomba de neutrones, animal capaz de asesinar toda una población sin afectar los edificios. Año en el que, bajo la gobernación de Carlos Romero Barceló, la policía ultimó a dos independentistas puertorriqueños en un evento que todo el mundo conoce como el Cerro Maravilla. Año en el que asesinaron al papa Juan Pablo Primero. Año en el que se aprobó la constitución española que le restauró la democracia a nuestros primeros colonizadores.
Definitivamente van treinta largos años.
2.
Es viernes en la noche y estoy vestido como para salir a beber, pero me encuentro en la biblioteca Lázaro, en un cubículo de madera, sentado en una silla demasiado cómoda como para que esté en una biblioteca, leyendo una Virginia Quarterly cuando se me ocurre aprovechar el tiempo y entrar a la colección puertorriqueña y pedir dos libros que residían para mí en un plano ideal, dos libros claves en la obra de los autores a los que, como joven que escribe, le he prestado mucha importancia. Autores que, por estar muertos, me conceden el derecho de decir que si hubiesen vivido diez años más, nuestra literatura sería otra cosa diferente. El estudiante asistente de la biblioteca me entrega La Novelabingo de Ramos Otero y Llegaron los Hippies de Abreu Adorno y le doy las gracias. Aunque sé las respuestas, le pregunto que si estos libros no circulan. Me dice que no y busca algo en la computadora. Me siento a leerlos. Los leo por un rato. No puedo concentrarme en ninguno de los dos. Leo partes, en realidad. Le saco unas veinte copias a Novelabingo y me anuncian que van a cerrar. Cuando se los devuelvo, el muchacho de pelo negro me informa que hay una copia de la colección de cuentos de Abreu Adorno en Circulación. Miro el reloj, el teléfono celular. Aún no han llegado con la gente que me voy a encontrar, así que sigo hacia circulación y pido el libro. Lo tienes hasta octubre 18, me dice la chamaca que trabaja ahí y le pregunto si lo puedo renovar, una vez pase este plazo de tiempo. Me dice que pues claro. Le doy las gracias dos veces. Coloco el libro en mi bulto y salgo del lugar.
[Cambio de tiempo narrativo.]
Llegué al Vidy’s demasiado temprano. Llamé a Orlando y me informó que llegaría en veinte minutos—aunque terminó tardándose casi una hora. Pedí una cerveza y me senté a esperar afuera. Jamás había bebido solo. La gente me miraba confundida. Como preguntándose qué hace una persona sola. Yo sonreía y me decía que debían estar pensando que salí a beber solo. Luego, me percaté que tal vez estaba jugando a pie de letra el rol de persona que bebe sola. Las excusas, la espera, el mirar a la gente. Sentí la tentación de sacar el libro y leer. Pero, ¿leer en una barra? ¿Qué clase de pedantería es esa? ¿Leer en una barra un jueves en la noche, rodeado de estudiantes que quieren janguear? No lo hice, claro está. Por lo menos, no lo hice en el momento. Al rato sentí la tentación. Me dejé llevar. Saqué el libro encarpetado. Leí la reseña que le hizo José Luís González. Releí el primer cuento, el titular. Salté a la última página.
Esta edición de 2,000 ejemplares se terminó de imprimir en IMPRESORA PUBLIMEX, S.A. Calz. San Lorenzo. No 269 – 32, México D.F., el 17 de agosto de 1978.
Pronuncié el año en voz alta: Milnovescientossetentayocho.
Van treinta años, dije. Me compré otra cerveza. Orlando aún no llegaba.
Van treinta largos años.
3.
Otra vez estoy en casa de mi abuela. Intento dormir pero mi tía sigue hablando. Decido que leeré. Saco el libro. Mi tía saca un martillo y comienza a clavar algo en una pared. El ruido me marea. Se me ocurre algo. Me llega como un susurro. O un suspiro, no sé cuál. Salgo hacia el balcón. Me digo que van treinta años. Treinta largos años y no se consigue el maldito libro. ¿Cuál es la solución? ¿No lo es hacerlo disponible? Masificarlo, globalizarlo, regarlo por el Internet como otras tantas cosas? ¿Qué mejor homenaje? ¿Se lo hubiese podido imaginar el Manuel? ¿O serán treinta años demasiados años para poder proyectarse?

jueves, junio 19, 2008

Llegaron los hippies, de Manuel Abreu Adorno


LLEGARON LOS HIPPIES
Manuel Abreu Adorno (1978)
No me pregunten por qué pasó. No tengo la menor idea de por qué lo celebraron allí en primer lugar. Tampoco recuerdo exactamente cuándo comenzaron a llegar como hordas del norte. Llegaron en grupos de cinco y seis, a veces más. Llegaron de mañana, de tarde y de noche. Llegaron para quedarse los tres días que duraba el festival. Llegaron con sus mochilas y tiendas de campaña. Llegaron, con melenas y en blue jeans. Llegaron con hash y kif. Llegaron con flautas y guitarras. Llegaron cogiendo pon en la carretera. Llegaron las chicas sin sostén, los chicos descamisados. Llegaron descalzos y portando flores en el cabello. Llegaron con el más reciente de Jerry Rubin bajo el brazo. Llegaron haciendo la señal de la paz con los dedos en V. Llegaron con las palabras Peace and Love en los labios. Llegaron altos y bajos, gruesos y delgados, rubios y morenos. Llegaron los hippies a Vega Baja.
Yo llegué el mismo viernes que comenzó. Llegué para quedarme los tres días que duraba el festival. Llegué con mi melena y mis blue jeans. Llegué sin mochila ni tienda de campaña. Llegué sin hash ni kif. Llegué con dinero para comprar L.S.D. Llegué sin flauta ni guitarra. Llegué en autobús desde San Juan. Llegué con una camisa azul de manga larga. Llegué en sandalias de cuero. Llegué con una bota española llena de vino colgada al hombro. Llegué esperando conseguir una buena posición cerca del escenario. Llegué sonriéndoles a las chicas rubias. Llegué a las seis de la tarde a Vega Baja.
"Mar y Sol, three days of fun and music in the beautiful beach of Vega Baja". Mar y Sol y muchas bandas de rock Por tres días. Mar y Sol y un insólito festival rock en el Caribe. Mar y Sol y la añoranza de la generación de Woodstock. Mar y Sol y ya Joplin y Hendrix estaban muertos. Mar y Sol y los Beatles se habían separado. Mar y Sol y Dylan, Baez, Seeger, Cambodia. Mar y Sol y las comunas en Virginia. Mar y Sol y la familia Manson. Mar y Sol y George Jackson,Luther King y Malcolm X. Mar y Sol y Timothy Leary, Abbie Hoffman, Eldridge Cleaver. Mar y Sol y el I Ching en California. Mar y. Sol y Eric Clapton, Steve Winwood, Keith Richards, adictos a la heroína. Mar y Sol y los gurús multimillonarios. Mar y Sol y Alicia en el país de Arlo Guthrie. Mar y Sol y la quema de tarjetas del servicio militar. Mar y Sol y Bobby Kennedy ya estaba muerto. Mar y Sol y Simón y Garfunkel se habían separado. Mar y Sol y la Era de Acuario. Mar y Sol y los motines de Watts. Mar y Sol y Crosby, Stills, Nash y Young se habían separado. Mar y Sol y el establishment de los B-52. Mar y Sol y Alan Ginsberg, Richard Brautigan. Mar y Sol y Jefferson Airplane se había separado. Mar y Sol y la masacre de Mi-Lai. Mar y Sol y los indios de Wounded Knee. Mar y Sol y la Convención Demócrata en Chicago. Mar y Sol y la revista Rolling Stone. Mar y Sol y los afiches fosforescentes de Marilyn y el Che. Mar y Sol y ya Presley se había retirado. Mar y Sol y los mejores grupos de rock por tres días. Mar y Sol y Marihuana.
Llegaron e hicieron sus tiendas de campaña. Llegaron para cantar y amar. Llegaron para fumar y amar. Llegaron para amar al mar. Llegaron para escuchar a Rod Stewart y a B.B. King. Llegaron y los habitantes del pueblo los miraron con extrañeza. Llegaron y las pequeñas tienditas se vieron invadidas en seguida. Llegaron y los ancianos se escondieron en sus casas. Llegaron y las niñitas al verlos reían tapándose la boca con la mano. Llegaron y en la plaza del pueblo todos comentaban sobre los intrusos. Llegaron para escuchar a Poco y a Emerson, Lake and Palmer. Llegaron y las madres les prohibieron a sus hijas inmediatamente salir a la calle. Llegaron y el jefe de policía del pueblo de súbito se reportó enfermo. Llegaron y el alcalde se preguntaba si debía invitarlos a la casa alcaldía oficialmente. Llegaron y el párroco organizó unos rosarios para el sábado en la tarde. Llegaron y el Club de Leones de la localidad sostuvo una reunión de emergencia. Llegaron y algunos borrachos se atrevieron a hablarles. Llegaron y el principal de la escuela secundaria suspendió a los estudiantes del pueblo que asistieron al festival. Llegaron y algunos se dedicaron a vender incienso y collares de caracoles en la plaza. Llegaron y los alimentos en los colmados se agotaron rápidamente. Llegaron para escuchar a The Allman Brothers Band. Llegaron y un grupo de pescadores emigró a otro pueblo costero cercano. Llegaron y doña Julia murió de un infarto cardíaco. Llegaron y algunos dicen que Goyo, el Cojo, se curó milagrosamente. Llegaron y el médico del pueblo decidió acabar el romance con la enfermera. Llegaron y cuentan que las monjitas del Convento de la Inmaculada Concepción ayunaron varios días. Llegaron y Moncho, el barbero, por vergüenza cerró la barbería. Llegaron y Anita, la nena promiscua de Don Marcelo, desapareció de su casa. Llegaron para escuchar a Cactus. Llegaron y el dueño del cine local finalmente le vendió el cine a su cuñado. Llegaron e hicieron fogatas en la noche. Llegaron a cantar y a fumar en torno al fuego. Llegaron y Don Paco Ramírez les alquiló sus caballos por diez dólares. Llegaron para nadar en el mar a todas horas. Llegaron y Mildred y Tony rompieron su compromiso. Llegaron y las carreteras que conducen al pueblo estaban todas intransitables por los muchos vehículos. Llegaron y el juez Báez prometió a su esposa dejar la bebida. Llegaron y la tropa de Niños Escuchas de la región organizó una regia parada por la calle principal del pueblo. Llegaron y las líneas telefónicas quedaron averiadas. Llegaron y Doña Ana María murió de vieja, la pobre. Llegaron y no se volvieron a ver perros realengos en la zona. Llegaron para escuchar a Procul Harum. Llegaron y los chicos limpiabotas de la plaza se fueron al festival. Llegaron y a Rubén, el hijo de Doña Clara, el pelotero de Grandes Ligas, lo vieron con una muchacha desnuda bañándose en la playa. Llegaron y Doña Clara no ha salido de la iglesia desde entonces. Llegaron y la boda entre Tere y José fue pospuesta indefinidamente. Llegaron y Esteban, el gallero, dice que todos sus gallos amanecieron muertos al otro día. Llegaron para escuchar a Johnny Winter. Llegaron y Anselmo, el dueño de la mueblería, hizo un donativo de cinco mil dólares a las Hijas Católicas de América. Llegaron y la esposa de Anselmo le dijo que consultara un psiquiatra. Llegaron y Peter, el hijo del dueño de la estación de gasolina, cayó con un ataque de asma y está grave. Llegaron para escuchar a John Mayall. Llegaron y a Wiso, el único boxeador del pueblo que peleó por el título (y perdió), dicen haberlo visto del brazo de una muchacha en bikini. Llegaron y la novia de Wiso se acostó esa noche con el hermano de Rubén, el mecánico. Llegaron y Rafael, el cartero, se puso a beber y a escribir poemas. Llegaron y Elisa, la dueña de la ferretería, fue vista sonriendo por vez primera en quince años. Llegaron y Mildred se puso una falda corta y se fue al festival. Llegaron para tostarse al sol todo el día. Llegaron para desnudarse y hacer el amor sobre la arena caliente. Llegaron y Mr. Johnson, el maestro de inglés, se puso una trusa de baño y se fue a la playa. Llegaron y Margaret, la esposa de Mr. Johnson, se fue a pasear con Miguel, el lechero. Llegaron y Carla, la novia de Miguel, ingresó al Convento.
Llegué y conseguí una posición cerca del escenario. Llegué y una chica rubia me sonrió. Llegué y compré L.S.D., Purple Haze. Llegué y me tomé la tableta de ácido. Llegué y me enteré de que dos personas se habían ahogado por meterse al mar drogados. Llegué y vi cómo unos chicos del pueblo le propinaban una golpiza a unos muchachos rubios. Llegué y noté que alguna gente le robaba a otra de las tiendas de campaña. Llegué y vi chicas desnudas por todas partes. Llegué y la gente fumaba y cantaba. Llegué y en torno al fuego se pasaban el vino y la marihuana. Llegué y vi cuerpos tendidos sobre la arena caliente. Llegué y vi chicas del pueblo bañándose desnudas en el mar. Llegué y la música retumbaba por todas partes. Llegué y me quité la camisa azul de manga larga. Llegué y la chica rubia se llamaba Kathy. Llegué y vi colores multiplicarse ante mis ojos. Llegué y vi un grupo de chicos del pueblo masturbándose detrás de unas palmeras. Llegué y me enteré de que habían violado a varias chicas. Llegué y me contaron cómo habían apuñalado a una joven esa misma tarde. Llegué y Kathy era hermosa. Llegué y ya veía muchas formas y colores en los rostros de la gente. Llegué para escuchar a Rod Stewart y a B.B. King. Llegué para escuchar a Poco. Llegué y Kathy me estaba quitando los pantalones. Llegué para escuchar a Emerson, Lake and Palmer. Llegué para escuchar a The Allman Brothers Band. Llegué y Kathy me llevaba desnudo de su mano al agua. Llegué y no sabía adonde me llevaban. Llegué para escuchar a Cactus. Llegué para escuchar a Procul Harum. Llegué y ya estaba en el agua. Llegué y pensaba en los festivales que sólo había conocido en películas. Llegué y pensé en el Monterrey Pop, en Woodstock, en Almont. Llegué y ahora las visiones de colores eran incontrolables. Llegué y por fin estaba en un festival de verdad. Llegué y no vi a Kathy a mi lado. Llegué y pensé en lo mucho que había soñado estar en un festival. Llegué para escuchar a Johnny Winter. Llegué y sentí mucho miedo. Llegué y me sentí bien solo. Llegué y me quedé paralizado, Llegué y me estaba ahogando. Llegué y grité colores y formas. Llegué y me sacaron a la orilla. Llegué y vi muchos pies a mi alrededor. Llegué y me habían salvado unos tipos del pueblo. Llegué y no vi a Kathy. Llegué y había tragado mucha agua. Llegué para escuchar a John Mayall. Llegué entre colores y formas.
Se fueron en grupos de cinco y seis, a veces más. Se fueron de mañana, de tarde y de noche. Se fueron al cabo de tres días que duraba el festival. Se fueron con sus mochilas y tiendas de campaña. Se fueron con melenas y blue jeans. Se fueron sin hash ni kif. Se fueron con flautas y guitarras. Se fueron cogiendo pon en la carretera. Se fueron las chicas sin sostén, los chicos descamisados. Se fueron descalzos y sin flores en el cabello. Se fueron sin libro bajo el brazo. Se fueron sin hacer señales con los dedos. Se fueron sin las palabras Peace and Love en los labios. Se fueron altos y bajos, gruesos y delgados. Se fueron los hippies de Vega Baja.

Tomado de Manuel Abreu Adorno, Llegaron los hippies y otros cuentos. Río Piedras: Huracán, 1978.
Este es uno de los posts que más trae personas a este blog. Cabe una aclaración: esta transcripción la hice en  Colecciones Puertorriqueñas en la Lázaro, UPR, en el 2004, junto a otras, ya que no estaba disponible. No obstante,  a principios de este año (2012), el colectivo Siete Vientos editó una colección bilingüe del libro "Llegaron los hippies y otros cuentos" con una traducción de Rafa Franco Steeves.  Lo pueden comprar por Amazon aquí, o por la página de Siete Vientos acá.  Insisto en que lo hagan. 

lunes, junio 16, 2008

verano, 13: vibración subcutánea

“Quizás era la atmósfera espesa, pesada, que se creaba en torno a él, un aura invisible, un cierto brillo carismático, una proyección penetrante, una sensación envolvente, una vibración subcutánea.”

No todas las suecas son rubias, Manuel Abreu Adorno.
Buscando por Google información de Manuel Abreu Adorno, escritor que quien me conoce sabe que me tiene obsesionado, descubrí un artículo llamado "La deslumbrante literatura puertorriqueña" de Roberto Ampuero que dice:
Y quien guste de la denominada Generación McOndo, por oposición al Macondo del realismo mágico y Gabriel García Márquez, le sugiero que corra a conocer a quien es, a mi juicio, el precursor latinoamericano secreto del McOndismo: Manuel Abreu Adorno. Nacido en 1955 en San Juan, muerto en París en 1984, este sorprendente escritor lanza en 1978 un libro de relatos que se anticipa en 15 años al McOndismo: Llegaron los hippies. Luego consolidará este quiebre en la literatura latinoamericana mediante la novela No todas las suecas son rubias. Es urgente reconocer el temprano papel jugado por el puertorriqueño en la formación de lo que en los noventa se tornó un nuevo, refrescante y llamativo referente en la literatura regional.