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domingo, noviembre 23, 2014

Hoy es el día número 61 después del fin del mundo, reseña de "Restos de lumbre y despedida" de Xavier Valcárcel

Hoy es el día número 61 después del fin del mundo, reseña de Restos de lumbre y despedida, de Xavier Valcárcel.
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (11/24/2014)
Sergio Gutiérrez Negrón


Restos de lumbre y despedida de Xavier Valcárcel es una de las piezas centrales para entender la poesía puertorriqueña de la pasada media década. Este libro del 2012 acompaña a los últimos de Guillermo Rebollo Gil, Mara Pastor, Cindy Jiménez Vera, Nicole Cecilia Delgado y Rubén Ramos en lo que bien pudiera ser la línea de fuga más importante de nuestra más reciente historia literaria. Una línea de fuga ante la cual la poesía se arriesga a desatender aquello que se le hace más inmediato, por eso de estrechar filiaciones subterráneas que la hermanan más a lo podríamos llamar simplemente "el pensar". Si entre decenas de poetas, es la poesía de los cinco antes mencionados que ha llevado a cabo la reflexión más sostenida sobre la crisis actual, es la de Valcárcel la que, entre estas, se arriesga más abalanzándose al futuro, aunque sea este un futuro en el que toda la arquitectura de la modernidad yazca en ruinas.  

En este libro, Valcárcel elabora una imaginería que corta por lo dura, por lo inclemente, como cuando escribe: "En tiempos como estos / es bueno tener la tierra así/ un pastizal seco / para el fuego" (46). Hay muchas formas de leer Restos de lumbre y despedida, y en una de estas, el poemario se abre como un jardín postapocalíptico, como un almacén en el que encontramos las sobras de lo por venir. En otro poema, escribe Valcárcel: "visible el brillo quemado de esta altura / el hambre, las cifras, la deuda / la desolación/ tras el consumo / lo posible tras el mar / la piedra seca / la frontera."  

De muchos modos, Restos de lumbre y despedida  es un poemario sobre la escasez, y precisamente porque ante la crisis, la política se revela meramente como la administración de la necesidad y de la falta, se trata de un poemario político. Sin embargo, podríamos afirmar que no es una política que se rige por principio alguno; sino una que, en tanto poesía, no puede sino ser salvaje. Vemos así que aunque Restos de lumbre incluye entre sus poemas una serie de inventarios, de listados que nos hablan tanto de la sobresaturación informática del presente como de la necesidad de una apertura radical, el poeta insiste en explicarnos, en otro poema, que, a pesar de sus enumeraciones, permanece en espera de la lógica que les dé significado a todas, una lógica que inevitablemente sólo puede venir de los demás.

Valcárcel nos explica, en un texto que bien podría servirle de arte poética a la tradición alterna en que se inserta, que en Restos de Lumbre y despedida la poesía es también registro, es también documentación. Por eso, podemos cerrar esta reseña, con un fragmento en el cual el poeta nos dice lo que sabemos pero no decimos, "Estamos ante las circunstancias que nos dieron. / Estamos ante las circunstancias que nos dimos: silencio crudo, confusión de puertas / sujetos en lucha reclamando la ceniza de los sueños".


lunes, octubre 27, 2014

"La sed en los aviones no se compara con la sed en las islas", reseña de Poemas para fomentar el turismo de Mara Pastor.

"La sed en los aviones no se compara con la sed en las islas", reseña de Poemas para fomentar el turismo de Mara Pastor.  
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (Octubre 27, 2014)
Sergio Gutiérrez Negrón 



Desde Río Piedras a Madrid, pasando por Marruecos y Egipto, hasta llegar a Ann Arbor y la Ciudad de México, el último libro de Mara Pastor articula lo más cercano que se ha escrito en lo que va de siglo a una poética de la emigración clasemediera puertorriqueña. Titulado Poemas para fomentar el turismo y dedicado a "[l]os 300,000 puertorriqueños que se fueron entre el 2005 y el 2009", los poemas de Pastor siguen los viajes de la autora y sus acompañantes, a la vez que intentan lidiar con un siglo que hasta la fecha se ha caracterizado por el estado de crisis.

Como dice Nicole Cecilia Delgado en su prólogo, el título del libro de Pastor re-escribe el del clásico puertorriqueño Cuentos para fomentar el turismo, de Emilio S. Belaval. Al igual que el libro de Belaval, el de Pastor es un libro del desengaño. Si Belaval puso en evidencia lo que yacía detrás de aquel Puerto Rico de los cuarentas que intentaba venderse como un exótico destino turístico, el de Pastor pone en evidencia lo que yace detrás de la fantasía neoliberal de una clase media que ve el mundo como suyo. Los poemas de Pastor, que son poemas en y acerca del tránsito, le dan voz a lo que queda del viaje, ya sea turístico o migratorio, cuando los humos de lo nuevo y lo exótico se esparcen.

A pesar de uno que otro número alegre, como el lindísimo texto "Teresa es una actriz", los poemas de Pastor son poemas de pasiones tristes. En tanto tal, son poemas que atestiguan un mundo que insiste en no estar de acuerdo con la autora, que insisten en lo reducido de su poder de realmente hacer algo. Sin embargo, lo increíble de este libro es que no se detiene ahí, sino que decide dar un paso hacia lo político. Tras tanto viaje, la poeta se percata que "Se vuela sobre y entre la pandemia," como nos dice un poema, y confiesa, en otro, que "Yo he aterrizado tantas veces / y nunca pensé en traficar conmigo / una crisis mundial". Mirando los conflictos bélicos, la explotación laboral, el crimen azaroso, entre muchas de las crisis mundiales que trafica, Pastor nos dice que "El amor es un privilegio de los que no leen/ el periódico, ni piensan / en Guantánamo, ni saben / que el Apartheid no se guardó / en la gaveta de los horrores".

Poemas para fomentar el turismo es un poemario importante, uno que habla de lo que queda del turismo después de la catástrofe. De hecho, se podría decir que Mara Pastor propone un turismo otro; un turismo elaborado sobre un cosmopolitismo sensato que siente y registra el dolor de los demás, un cosmopolitismo político cuya raíz se resume en las líneas que cierran el cuerpo principal del libro: "Y mientras tanto ocupar. / Y mientras tanto ocupar. / La juventud se quitó las alas / con una suavidad insospechada."



lunes, septiembre 22, 2014

"Para despistar", reseña de Guaya Guaya de Rafael Acevedo

Para despistar, reseña de Guaya guaya de Rafael Acevedo.
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico



Sergio Gutiérrez Negrón

Justo a la mitad de la novela Guaya guaya, de Rafael Acevedo, los medios de comunicación reportan que un comando de terroristas nacionalistas ha tomado el Banco Popular de la Avenida Barbosa, y que exige la liberación de los presos políticos a cambio de los seis clientes que tiene de rehenes. Pendientes a la televisión dentro del banco, los tres asaltantes inmediatamente se comunican con el sargento de la policía, para decirle que nada de lo que se ha dicho es cierto, que simplemente intentan asaltar el banco. El sargento se disculpa, informándoles que no es periodista, sino policía, de modo que no hay nada que pueda hacer al respecto. De ahí en adelante, como lectores, sabemos que las cosas sólo pueden terminar de una sola manera: terriblemente mal.

Pero, quizás, podríamos decir que eso no importa. Después de todo, aun si Wiso, El Flaco, Yaquichán y Maripili, los tres asaltantes y su cómplice, logran llevar a cabo el atraco, sólo lo harían con una decena de miles de dólares que no les alteraría tantísimo la vida. También podríamos decir que se lo buscaron, y que sobretodo es culpa de Wiso, que fue quien, "para despistar", como él mismo dice, hace pasar gato por liebre, identificándose como el líder del Comando Armado de Liberación Popular, y diciéndose preparado con dinamitas, granadas y coches bombas. La verdad, si es que en esta novela vale la pena traer tal cosa a colación, es que sólo tienen un par de pistolas, y un amasijo de cartón que han colocado en una mesa y han dicho "bomba".

Guaya guaya, publicada por el editorial La secta de los perros hace ya dos años, es una novela endiabladamente cómica. También, podríamos decir que es una novela-reggaetón. Una novela que en su escritura, en su lenguaje, y en su narración recurre a las formas, a las imágenes, y al lenguaje del género. Sin embargo, al igual que en el reggaeton, la novela intencionalmente se desenvuelve por las superficies. Es decir, en Guaya guaya todo es artificio. Inclusive el narrador, que a través de la novela intenta hacer rimar palabras disímiles, en hacer caber el hastío y la injusticia de lo cotidiano en su "lírica" reggaetonera, jamás lo logra del todo. Es justo en este fracaso de poder rapear la experiencia, de poder hacer caber la totalidad de una realidad frustrante en la lírica reggaetonera, o en cualquier forma literaria, en el que encontramos la aportación más importante de Rafael Acevedo. Poeta al fin, el autor ha escrito un libro que, porque busca decir algo acerca de la injusticia estructural de nuestra sociedad, es incapaz de hablar en serio, como si quisiera decir que para hablar de política, fuera mejor reír.



viernes, junio 20, 2014

Angst, Wéilsong, y otros nombres para Rubén Ramos: reseña de "Angst" y "Wéilsong".

Arte de Cristian Guzmán Cardona, quien ilustra 'Wéilsong'.
Angst, Wéilsong, y otros nombres para Rubén Ramos: reseña de "Angst" y "Wéilsong".
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (2 de junio del 2014)
Sergio Gutiérrez Negrón

Desde su primer poemario titulado Angst, hasta su obra más reciente Wéilsong, Rubén Ramos se ha caracterizado por ser un poeta de los tonos grises. Junto a otros poetas de la pasada década, como Mara Pastor, Nicole Cecilia Delgado y Xavier Valcárcel, Ramos ha apostado por esculcar muy de cerca los tiempos en los que vivimos, adentrándose y explorando la vida después de las utopías, sin por ello rendirse a los trillados ámbitos del pesimismo o al traspié de la nostalgia.

Su primer libro, que lleva como titulo la palabra alemana para la angustia, "Angst", es un libro sobre el juego en una época de ruinas. Sobre un juego de "escondite" en el que el niño que se esconde no se ha dado cuenta que ya nadie lo busca, o que se escondió tan bien que se ha perdido. Los 113 poemas que lo componen son breves cantos de una alegría agridulce, de una persona que decide continuar a pesar de las circunstancias. En uno de sus poemas más emblemáticos, Ramos escribe, en forma de sentencia: “Huir no libera cuando naces donde no hay jaulas / Visitar el zoológico con empatía no me hace bestia / Me gusta ladrar, como el perro que persiguiendo gatos insiste hasta donde permite su cadena”. En este sentido, la poética de Ramos niega la celebración optimista, pero del mismo modo niega hallar en estas épocas de carencia y austeridad el fracaso. La táctica de Ramos es distinta: ocupa las ruinas de las promesas rotas, e insiste en hallar allí su solaz, no para construir sobre ellas, sino para enunciar desde su regazo.

Esta es la táctica que vemos en su más reciente libro, que lleva como título la misteriosa palabra "Wéilsong", publicado con esmero por Atarraya Cartonera, y disponible, al igual que el anterior, en las librerías del país.

Ante la pregunta de ¿qué es Wéilsong?, podemos responder: un nombre. Pero, ante la pregunta de ¿qué nombra? La respuesta se hace más difícil. Como un Altazor puertorriqueño, Wéilsong es el nombre de lo posible, una palabra que, como ese poema de César Vallejo, da paso a su propio mito. A diferencia del Altazor, sin embargo, que se descompone mientras progresa el poema, Wéilsong no va en picada. Todo lo contrario. La palabra que le da nombre a este extenso poema  es siempre ascendente. Es decir, Wéilsong al fin y al cabo nombra una figura muy para esta época, una figura que lleva un paso más allá la apuesta que el poeta comenzó en "Angst". Para Rubén Ramos, Wéilsong es el nombre de la posibilidad de lluvia en un mundo en sequía. O, dicho de distinto modo, Wéilsong es también otro nombre para la esperanza.

Para Hoy en las Noticias, en Crítica de Libros, Sergio Gutiérrez Negrón

lunes, mayo 05, 2014

la lección de andújar, reseña de "Saturnario"

LA LECCIÓN DE ANDÚJAR, reseña de Saturnario.
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (5 de mayo del 2014)
Sergio Gutiérrez Negrón

Para aproximarse a la obra del dominicano Rey Andújar es necesario leerlo con el oído pegado a la tierra, especialmente en su más reciente libro, 'Saturnario,' pues es un libro sobre lo terráqueo.Un libro sobre lo duro y consistente de los lugares que habitamos. Pero Saturnario también es un libro sobre las fugas y las huídas que nos arrancan de estos lugares. Página tras página, los cuentos nos insisten que el hecho de que nazcamos en estos lugares, no quiere decir que sean nuestros lugares. Esa es la lección que algunos de los personajes de Saturnario van aprendiendo. Y es una lección que duele, que duele muchísimo, y que toma años aprender.

Santo Domingo, Cabarete, Santurce, el Viejo San Juan, Nueva York, Brooklyn, Jarabacoa; todos estos nombres se van desplegando a través de los relatos de "Saturnario" como coordenadas localizadas más allá de los patriotismos y resentimientos del residente, o de la nostalgia y ausencia del emigrado. Pero Andújar evita la celebración de lo global que caracteriza la literatura contemporánea, esa estetización de lo transnacional que intenta borrar lo concreto de la vida. De modo que el Caribe de Andújar no es aquel de la imaginación romántica o de la postal turística. Es un Caribe que se extiende mucho más allá de sus islas, y en el que persiste la necesidad y el desespero, la violencia, el abuso y la homofobia. Andújar jamás nos permite olvidar que, muy a nuestro pesar, estas islas que nos componen insisten en seguir siendo lugares marcadamente retrógrados.

Pero los cuentos no se agotan ahí, en ese Caribe seco, quejumbroso y desesperante. Por eso hay que leerlo con la oreja en la tierra, porque es la audición el sentido que se estimula en estos cuentos. En "Saturnario", que está disponible a través de internet en una edición bilingüe publicada por el colectivo 7vientos de Chicago, también hay música en exceso, y hay baile y hay bebelata y hay cuerpos sudorosos. Como en el cuento Mierdópolis, en el que la ominosa guitarra de un misterioso músico dominicano que se hace llamar el Terror sirve de banda sonora a la fiesta intensa que marca el doloroso fracaso de un joven escritor dominicano, encajado entre Washington Heights y una nostálgica Villa Duarte.
Junto a las ruinas que se retratan en Saturnario, Andújar instala una celebración, esa celebración de quienes no se dan por vencidos, esa que siempre nos motiva a aguantar, cada vez, un poquito más.

Para hoy en las noticias en Crítica de Libros, Sergio Gutiérrez Negrón






jueves, abril 10, 2014

no conoces a dolores cardona, una reseña

NO CONOCES A DOLORES CARDONA, reseña radial de El muro que guarda el rosal.
Para Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico (7 de abril del 2014)

Dolores Cardona, detective de impecable puntería y sentencia certera. En el libro El muro que guarda el rosal de Francisco Velázquez, la justiciera Lola Cardona se cierne sobre el Puerto Rico de los años cuarentas y cincuentas para intentar resolver el asesinato de un chino-cubano que es hallado sin vida en un hotel, y el de un hombre de sociedad que muere en plena despedida del año 1949. La Cardona, como le llaman en voz baja en los perturbados boys clubs de la época, irrumpe sin pedir permiso, casi siempre armada hasta los dientes y dispuestas a hacer las preguntas adecuadas, que suelen ser las preguntas menos decorosas.

Lola Cardona navega aguas difíciles. El Puerto Rico en el que se desenvuelve es uno en plena transición política, en el que la Policía intenta resolver los crímenes cotidianos sin pisarle el traje a la oligarquía apellidada, en los que el FBI se juega en las operaciones de la época de McCarthy, indeciso si en casería de comunistas chinos, nacionalistas puertorriqueños, o dinero fácil. Son años, también, marcados por la gran migración de puertorriqueños a los Estados Unidos, y por la continua dictadura que ejerce el Manual de Modales de Carreño sobre las mujeres y sus familias.

Pero, Velázquez no ha escrito un libro de historia, sino un movido libro compuesto de tres novelas cortas detectivescas, publicado por la editorial La secta de los perros y disponible en las librerías de Río Piedras.
A través de los relatos, la dura y lujuriosa Dolores Cardona va descubriendo que nada es tan fácil como parece, y que las pistas que va hallando son precisamente las que sus superiores van escondiendo. De modo que Dolores pronto se percata que aclarar los crímenes implica arremeter contra una jerarquía burocrática, política, y legal, harto corrupta. Hacer todo esto, y tener que lidiar con el amor, la macharranería, y el placer, no es poca cosa. Pero Dolores Cardona lo logra.

La novela detectivesca caribeña siempre ha sido un género juguetón. Sus detectives muy pocas veces han podido vestir las chaquetas oscuras que tradicionalmente visten aquellos con la suerte de vivir más al norte. Sin embargo, al igual que el puertorriqueño Wilfredo Mattos Cintrón y el cubano Leonardo Padura, Francisco Velázquez es un maestro del género y en El muro que guarda el rosal ha sabido adaptarlo para que éste ofrezca una mirada crítica y refrescante sobre una época en la que se jugó el futuro legal de la isla desde las calurosas antesalas de lo ilegal.



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Nota aparte: El muro que guarda el rosal está compuesto de las primeras tres novelas protagonizadas por Dolores Cardona. Hay otras dos disponibles en Amazon, que conforman una segunda trilogía aun inconclusa. Una vez salga el último volumen, será compilada en un solo tomo, según me ha informado el autor. Pueden accesar estas, al igual que las otras obras del autor, a través de la página de Amazon de Velázquez