Encontré este video ayer de una lectura que hice del primer capítulo de Dicen que los dormidos en Cuba el año pasado. y decidí subirlo a las redes Como siempre, leí a mil (¡bájale, nene!).
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martes, octubre 16, 2018
Lectura en Radio Habana (septiembre del 2017)
martes, octubre 09, 2018
domingo, abril 08, 2018
nuevos horizontes turcos
Dicen que los dormidos (aka, Uyuyor diyorlar) oficialmente existe en turco y está circulando por librerías en ese lado del mundo.
La edición es producto de Cumartesi Kitapligi, que creo que se traduce a libros de sábado, pero no lo juraría.
viernes, marzo 09, 2018
uyuyor diyorlar, o lo que es similar: dicen que los dormidos pasa al turco.
Por una serie de vueltas de la vida, mi novela, Dicen que los dormidos, aparecerá en turco en mayo de este año. La publicará un editorial llamado Cumartesi Kitapligi (librería de sábado, me dice un robot traductor).
Extraña vida esa de los libros.
miércoles, mayo 10, 2017
Literatura para escapar de la crisis, una nota periodística
La periodista Jessica Ríos Viner de El Nuevo Día me llamó hace unos días para una entrevista y acá está lo que salió.
Literatura para escapar de la crisis
El puertorriqueño Sergio Gutiérrez Negrón fue seleccionado como uno de los 39 mejores escritores de ficción menores de 40 años
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Ejercitar la creatividad, imaginar posibilidades. En tiempos en que Puerto Rico es azotado por una de las peores recesiones económicas en su historia, la literatura sirve para escapar de una realidad repleta de caos hacia la cordura.
“La literatura, las artes en general, tienen el potencial de expandir las posibilidades que somos capaces de imaginar en situaciones de crisis que parecerían no tener salida. Estamos en una crisis económica, política y social… la gente dice que no se puede hacer más nada, que las únicas opciones son las que ofrece el gobierno, eso es pobreza de imaginación. La literatura no necesariamente da respuestas, pero impulsa esa imaginación que es necesaria en cualquier situación de crisis”, analiza el escritor puertorriqueño Sergio Gutiérrez Negrón.
La literatura, y la cultura en general, queda a un lado mientras el País encara una crisis complicada que tiene muchos frentes, ya que no presenta una solución económica palpable.
“El rol de la literatura no es directo, pero tiene una función imaginativa que puede ayudarnos a pensar otras posibilidades. No digo que es la solución ni hay dinero en ella, pero nos ayuda a ser más críticos o imaginarnos un mejor futuro”, argumenta el autor de Palacio.
El escritor y columnista fue seleccionado entre los 39 mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina. La selección forma parte de la lista Bogotá39-2017, la cual busca resaltar el talento y la diversidad, así como promover el trabajo de los escritores jóvenes, y establecer puentes entre la industria literaria de los distintos países de América Latina. La primera vez que se hizo fue hace 10 años, donde fue escogida la puertorriqueña Yolanda Arroyo Pizarro.
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, son los otros países que quedaron representados en esta selección.
Aunque no representa a Puerto Rico en este listado, Gutiérrez Negrón no es el único puertorriqueño en lograr el reconocimiento. Costa Rica está representado por el escritor Carlos Fonseca Suárez, nacido en el país centroamericano de madre puertorriqueña y criado en Puerto Rico.
“La forma más práctica y humilde de entender esas listas es verlas como una invitación a la lectura. Habrá quien las lea y cuestione la selección, quien critique la calidad o la inclusión de equis o ye personaje, y súper bien, pero la mejor forma de hacer eso bien, es darse una lectura. Lanzarse a ella sin expectativas y ver con qué nos tropezamos. Ver cómo se compara la producción de los incluidos con otras selecciones, con otras listas, con otros momentos en las letras latinoamericanas”, comenta.
Aunque hace siete años está radicado en Estados Unidos, sus novelas están ancladas en la idiosincrasia puertorriqueña. El escritor explica que fue la distancia lo que le creó esa curiosidad por entender mejor las situaciones que se viven en la Isla.
“A partir de la segunda novela (Dicen que los dormidos) siento un interés muy grande de escribir sobre Puerto Rico. Son novelas bastante locales. Hay libros de historia para entender lo que pasó antes, pero lo que pasa entre los ‘90 y 2000 es importante para entender lo que pasa ahora. Se trata de explorar ese Puerto Rico que nos llevó a lo que estamos, que se siente súper lejano. Esa historia reciente me interesa mucho”, cuenta Gutiérrez Negrón.
“Dicen que los dormidos”, novela que le ganó el certamen del Instituto de Cultura de Puerto Rico y el premio Nuevas Voces del Festival de la Palabra, trata sobre la violencia en Puerto Rico. Mientras que la tercera “Los días hábiles”, toca el tema del trabajo a tiempo parcial en la Isla.
Como parte del reconocimiento, el también columnista de El Nuevo Día formará parte de una antología, junto al resto de los seleccionados, que publicaría para enero del próximo año. Además, tendrá la oportunidad de circular entre diferentes festivales que buscan juntar y hacer conexiones entre los escritores latinoamericanos.
Asimismo, brinda una mayor exposición a la obra de Gutiérrez Negrón de parte de las grandes editoriales internacionales. “Para los escritores de países periféricos como Puerto Rico, que no tienen en el mundo literario acceso directo a las grandes editoriales, ayuda un montón, da visibilidad”, describe.
Esa exposición trae consigo unos retos a la hora de presentarse como representante de la Isla en los distintos foros internacionales. Los escritores puertorriqueños se convierten en embajadores no solo de la cultura sino de la complicada historia del país.
“Las grandes tradiciones literarias de las cuales todo el mundo habla son la mexicana, la argentina, la española. Escritores de países como Puerto Rico, República Dominicana y Centroamérica en general, nos vemos obligados casi a dar un discurso de la historia de nuestro país. Nosotros tenemos que poder opinar de nuestra situación. Nos volvemos representantes de nuestro país, especialmente. cuando no tenemos una visibilidad tan amplia en literatura, como la tenemos en la música o los deportes”, detalla.
Cuando un escritor puertorriqueño entra a estos círculos internacionales se da como una cuestión casi anecdótica, entre otras razones, por la falta de embajadas, según Gutiérrez Negrón.
“No tenemos instituciones culturales suficientemente fuertes y nos afecta un montón. Si es cierto que casi siempre llegamos a registros internacionales, pero siempre es por cuestiones casuales. Si tuviéramos instituciones culturales más fuertes definitivamente tendríamos más visibilidad”, reflexiona.
“El mundo cultural de México, por ejemplo, tiene un sistema de becas que motivan a los escritores nuevos. Te dan un salario de un año, por ejemplo, para que te dediques a escribir unas obras. Ese tipo de incentivos crean un desarrollo. Obviamente, hay dinero detrás del asunto y eso es un problema que tenemos”, añade.
viernes, diciembre 04, 2015
reseñita de dicen que los dormidos, por alexandra pagán
Dicen que los dormidos (2012) es un novelón, en el buen sentido del aumentativo, vemos la narrativa de la violencia como pantano y pesadilla, la poesía de la hermandad que se trastoca con el trauma del juego nefasto del azar. Vemos una ciudad que flota en el mar pantanoso de la venganza, que se cuece y enreda en una trampa en la que todos perdemos algo, en la que nos hundimos en una pesadilla de la que pocas veces despertamos. La coma del protagonista empieza justo cuando despierta de ella, y lleva a ese estado comatoso a los que se interesan genuinamente por él, incluidos los lectores que nos hundimos en un estado de letargo y espanto del que no despertamos. El real vínculo y el real discurso lo serán las imágenes oníricas que de modo fantástico comparten los personajes y que se vuelven un mensaje críptico que descifrarlo nos sumerge en el terreno de la poesía, pero que nos deja irremediablemente tristes. Esperamos superar la novela como a veces intentamos superar las terribles noticias que configuran la trama de la ciudad.
domingo, junio 21, 2015
Válidos para amar, Rey Andújar a propos de Dicen que los dormidos
Acá cuelgo un ensayo/reseña que escribió Rey Andújar a propósito de Dicen que los dormidos. Originalmente salió publicado en Acento, el 6 de junio del 2015.
Entre el deseo y el espasmo,entre la potencia y la existencia,entre la esencia y el descenso,está la sombra.T.S. Elliot, The Hollow Men
Admito que esta columna va escrita con retraso para retractarme de inmediato porque ¿de qué otra cosa está hecho el mito sino de tiempo? Digo que son palabras tardías porque hace bastante recibí Dicen que los dormidos de Sergio Gutiérrez Negrón y al entrarle a la novela, empecé a escribir junto con la lectura, más o menos al galope. Hay novelas que reclaman relecturas y esta es una de ellas. Los temas que aborda son por momentos tan tiernos y escalofriantes que obligan a dejar el cuaderno de notas a un lado y entregarse de cabeza y sin red. Dejé de escribir y me puse a gozar. Por eso me he tardado.
Leo esta novela, galardonada con el Premio del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2014, como un cuento de terror, primero por el tono y segundo por el tema. La narración se lleva primordialmente en segunda persona, con una cadencia que a mí me suena a murllido (murmullo+aullido), con notas definitivamente bajas, en una mezcla de sala de espera y funeral. Me hace recordar un libro de Hitchcock que leí mucho en mi adolescencia, Historias para despertar la noche o algo así decía la traducción. Perdí ese libro en un viaje, luego lo recuperé en el viraje, durante mis clases de cine en California, solo para volverlo a perder. Finalmente he dado con el texto hace un par de años aquí en Chicago.
El suspenso tiene dos variables indispensables, que son el tono y la dosificación; hablo de la preparación de cierto estado, precario digamos… El lado tenebroso de la fragilidad. En cuanto al tono, el narrador de suspenso siempre vacila y esa vacilación para quien escribe ficciones es gasolina. En esta novela se vive en un estado de violencia que causa estrés y tensiones que llevan al exceso. Ahora mismo paro en seco para aclarar que esta novela no tiene nada que ver con el cinismo deliberado de los que aprovechan el presente o abusan de la autoficción para hacer sus inventarios de Sucesos. La copia amarilla de la copia. No. Sergio consigue instalar este terror a la par de un lenguaje de alto nivel artesanal. Se me ocurre así rápido, una aleación entre Angelamaría Dávila y Luis Rafael Sánchez, el lenguaje de la carencia y querencia Caribe, pasado por el filtro de nuestra violencia particular. Quienes lean este libro se darán cuenta que Gutiérrez Negrón no exagera un chispo en sus descripciones del narco-paisaje de San Juan.
Desde las primeras líneas, hay un sopor y un misterio que conquista. Esta parte es el planteamiento, la mis en place. Principalmente, esta es la historia de dos hermanos. El mayor cae, por equivocación de unos sicarios, en un atentado. El menor trata de reconstruir mediante recuerdos, conjeturas y noticias, el trágico acontecimiento, Tienes dos rotos en tu costado, tres en tu brazo y uno que cruzó tu oreja izquierda y te dio en la cabeza… tu pie pisa el acelerador.
La víctima sobrevive al ataque pero acaba en un coma profundo. Adelanto también que esta es una novela de la hermandad de dos artes, ya que uno pinta y el otro escribe. El pintor pinta puentes. Quiero creer que el hermano que escribe a su vez escribe puentes. Esta figura es la metáfora de la imposibilidad de conciliar. Se fracasa siempre al hablar de lo que se ama, repetía Borges. Contando la historia, el escritor informa al hermano de su propia vida, y su relato es también la manera de reinventar y aferrarse a la familia, institución agonizante de la sociedad, como ha buenamente apuntado más de un sociólogo.
En un excelente planteamiento narrativo, el hermano menor queda como la voz que enlaza la vida y los gestos familiares; este relato incluye a la novia del herido, como si el menor tuviese que enamorarse de la muchacha para contarla bien, para que el hermano vuelva a enamorarse. Eso está genial. La nota triste se instala cuando todos descubren que no pueden resguardarse de ese estado de coma, que deben resignarse al avance a paso amargo. A cualquiera le toca. En cuanto a ser testigo de la violencia, recién Teju Cole aclaró en su columna del New York Times que nuestra conectividad nos permite ser testigos de actos violentos como nunca antes. Ya sean decapitaciones del narco o del terrorismo, o un policía disparando a mansalva al desarmado… Violentos también son los discursos y acuerdos políticos en donde brilla la ironía y la mentira del descaro.
Par de páginas después el muchacho despierta Como un animal extraño, de otro planeta, que se ha alejado demasiado de su nicho. Este despertar es una alegría pero representa un problema, porque quien regresa del coma es una suerte de alienígena familiar. La novela triunfa porque al narrar estos sucesos en segunda persona se consigue una pasmosa intimidad que en mi caso se tradujo en morbo: por un lado está la historia de esta familia boricua, espacio privado o sagrado que el lector invade gracias a la propia violencia: trauma que supone una ruptura y por esa brecha pasamos a ser juez y parte. Uno puede llevarse las manos a la boca y exclamar sorpresa o rogar a una virgen, tanto por esa familia como por la nuestra, porque en cualquier lugar de nuestra América puede darse el caso. Quien anda por las calles de Santo Domingo, del Bronx o Medellín puede contar con una bala, no hay que andar en malos pasospara que te desgracien en una esquina, una bodega o una autopista.
Como un lector que escribe relatos, quiero insistir en las maneras que esta novela utiliza para ilustrar el amor fraternal. En una ciudad dividida por el hecho de sangre, el vaso sanguíneo que une a los hermanos también los encuentra en diferencias, silencios y negaciones que solo harán más fuerte la relación. Esta escritura anima el recuerdo de algunos relatos de Junot Díaz, tanto deDrown como los de This is how you lose her, en donde pueden estudiarse los intercambios entre Rafa y Yunior. Si uno hace un viaje a través de la escritura de Junot encontrará que en la relación de estos hermanos hay un asunto de superioridad, tanto por antigüedad como por skill; y también está, fuerte y clara, la cuestión de la salud, que saca de balance el asunto del seniority y deja establecida la ambigüedad que hace interesante el relato, que lo saca fuera de lugar.
El que haya leído Palacio del mismo Sergio, publicada por Agentes Catalíticos, encontrará guiños de aquella en Dicen que los dormidos. La escena de este entrecruce es interesante, ya que es una conversación del hermano escritor con Laura, la novia del hermano que ha despertado. Se juntan en un bar de Nueva York -ciudad neutral- durante un concierto de la jazzista Willow. El tiempo ha pasado y estos dos testigos de la violencia, como propiamente se autodenominan, repasan el inventario de las heridas y los errores. No culpan a nadie. La poesía está en mirarse rotos pero amables, válidos para el amar.
martes, marzo 31, 2015
nuevas ediciones
Ya Palacio (2011/2014) y Dicen que los dormidos (2014/2015) están en sus segundas ediciones. No sé si eso dice algo con respecto a si han sido leídas, pero, como mínimo, garantiza que se encuentren en bastantes libreros.
Ambas ediciones han sido corregidas. Los cambios en la primera son mínimos. En la segunda, son cambios mayores. De todos modos, ando bastante contento.
Ambas ediciones han sido corregidas. Los cambios en la primera son mínimos. En la segunda, son cambios mayores. De todos modos, ando bastante contento.
miércoles, agosto 13, 2014
la vida cotidiana, reseña de 'dicen que los dormidos'
Esta reseña, de Melanie Pérez Ortiz, salió publicada en el número de julio/agosto 2014 del periódico mensual Compartir es Vivir.
©Melanie Pérez Ortiz
La novela premiada el año pasado y recientemente publicada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, titulada Dicen que los dormidos y escrita por Sergio Gutiérrez Negrón, trata de la violencia que se nos ha hecho normal por su omnipresencia.
En ella un hombre joven va en un carro a buscar a la novia al trabajo y… la novela no explica, creo. Deben haber confundido su carro con otro. Lo que pasa es que le disparan desde otro carro al joven. Pero la perspectiva no es la de él. Es la de su hermano menor, quien se pone en sus zapatos. La narra en segunda persona gran parte del tiempo. Como para involucrarnos. Ya saben ustedes. No es lo mismo que un narrador diga en tercera persona: “Y miró un poco distraído por las gotas de sudor frío que le bajaban por el cuello la mano con el arma que lo apuntaba de frente” que decir, “Miras distraído por las gotas de sudor frío que te bajan por el cuello la mano con el arma que te apunta de frente”. Esta no es una cita de la novela. Es una oración más o menos relacionada que me invento para explicar que el tiempo presente y el efecto espejo de la segunda persona nos involucran con lo que se cuenta, de modo que mentalmente nos volvemos nosotros también las víctimas de este crimen de violencia, de los que pasan todos los días y que ignoramos porque, esta vez, no nos sucedió a nosotros.
No les voy a contar la novela, pero les advierto que el personaje no muere, sino que queda en coma por varios años. Luego sale del coma y lo que sucede se sale de nuestras expectativas. Ya, hasta ahí les cuento para picarles la curiosidad, sin quitarles la sorpresa.
Como dije el tema es la violencia. Tal vez el coma sea metáfora de lo que la violencia ha hecho con nosotros. El coma se representa desde sueños como una realidad alterna, fantástica, surrealista donde los personajes están expuestos a la guerra contra los elementos y contra otros que nos combaten todo el tiempo. El clima de la novela es el miedo, aunque se asuma la realidad con desgano o con la normalidad del resignado, y lo que permea todo el tiempo es miedo contenido. Dice Zygmunt Bauman en Miedo Líquido que hoy día los desastres de la violencia se tratan como si fueran catástrofes naturales--como si los humanos fueran sólo víctimas y no responsables de ese clima de miedo-- y su consecuencia es que el miedo está en todas partes e interrumpe la posibilidad de que nos comuniquemos. Como en una situación de pánico masivo, donde se ven seres despavoridos e irracionales corriendo al resguardo, cada cual en defensa de lo propio sin fijarse en que su ser multitud atropella a otros que han caído, así se reacciona en clima de miedo. Y no sabemos qué hacer. Cómo llegar al otro. ¿Cómo reestablecer comunicaciones rotas por la violencia? Esta novela es una hermosa nota en una botella. Encerrado en su isla el narrador pide auxilio. Aclaro, eso nunca pasa en la novela. Pero pasa. Ustedes me entienden.
En ella un hombre joven va en un carro a buscar a la novia al trabajo y… la novela no explica, creo. Deben haber confundido su carro con otro. Lo que pasa es que le disparan desde otro carro al joven. Pero la perspectiva no es la de él. Es la de su hermano menor, quien se pone en sus zapatos. La narra en segunda persona gran parte del tiempo. Como para involucrarnos. Ya saben ustedes. No es lo mismo que un narrador diga en tercera persona: “Y miró un poco distraído por las gotas de sudor frío que le bajaban por el cuello la mano con el arma que lo apuntaba de frente” que decir, “Miras distraído por las gotas de sudor frío que te bajan por el cuello la mano con el arma que te apunta de frente”. Esta no es una cita de la novela. Es una oración más o menos relacionada que me invento para explicar que el tiempo presente y el efecto espejo de la segunda persona nos involucran con lo que se cuenta, de modo que mentalmente nos volvemos nosotros también las víctimas de este crimen de violencia, de los que pasan todos los días y que ignoramos porque, esta vez, no nos sucedió a nosotros.
No les voy a contar la novela, pero les advierto que el personaje no muere, sino que queda en coma por varios años. Luego sale del coma y lo que sucede se sale de nuestras expectativas. Ya, hasta ahí les cuento para picarles la curiosidad, sin quitarles la sorpresa.
Como dije el tema es la violencia. Tal vez el coma sea metáfora de lo que la violencia ha hecho con nosotros. El coma se representa desde sueños como una realidad alterna, fantástica, surrealista donde los personajes están expuestos a la guerra contra los elementos y contra otros que nos combaten todo el tiempo. El clima de la novela es el miedo, aunque se asuma la realidad con desgano o con la normalidad del resignado, y lo que permea todo el tiempo es miedo contenido. Dice Zygmunt Bauman en Miedo Líquido que hoy día los desastres de la violencia se tratan como si fueran catástrofes naturales--como si los humanos fueran sólo víctimas y no responsables de ese clima de miedo-- y su consecuencia es que el miedo está en todas partes e interrumpe la posibilidad de que nos comuniquemos. Como en una situación de pánico masivo, donde se ven seres despavoridos e irracionales corriendo al resguardo, cada cual en defensa de lo propio sin fijarse en que su ser multitud atropella a otros que han caído, así se reacciona en clima de miedo. Y no sabemos qué hacer. Cómo llegar al otro. ¿Cómo reestablecer comunicaciones rotas por la violencia? Esta novela es una hermosa nota en una botella. Encerrado en su isla el narrador pide auxilio. Aclaro, eso nunca pasa en la novela. Pero pasa. Ustedes me entienden.
martes, agosto 12, 2014
tragedias cotidianas, reseña de 'dicen que los dormidos'
viernes, agosto 08, 2014
crónica íntima para bregar con la violencia, una reseña de 'dicen que los dormidos'
Esta reseña, de Elidio Latorre Lagares, salió publicada en junio del 2014 en OtroLunes: Revista Hispanoamericana de Cultura.
Crónica íntima para bregar con la violencia
Escribir la violencia no es escribir sobre la violencia. Es un modo de sobrevivirla. Sobreponerse a ella. De es vivirla. Uno puede tratar de convivir con ella y asumir la amnesia. El olvido y la desmemoria suelen ser mecanismos de defensa ante la violencia urbana, que encarna la monstruosidad de la ciudad erosionada, y así domesticamos el dolor y el miedo. Olvidar es vivir. Mas en Dicen que los dormidos, de Sergio C. Gutiérrez Negrón, Premio Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2013, encontramos un intento de aunar las palabras y recuperar la memoria ante la insuficiencia de las palabras. Más que ser una crónica sobre una problemática en el Puerto Rico moderno, se trata de una bella historia del sufrimiento, una crónica íntima para lidiar la violencia.
Hay que bregar con eso.
La escritura de Sergio C. Gutiérrez Negrón siempre ha estado más allá de los claroscuros literarios. Es un narrador que narra con la misma sugestión que un poeta hace poesía. Desde su primera novela, Palacio (Libros AC, 2011), nos acostumbra a decir lo que estima necesario, dejándonos el resto en las manos, así, como si nos tocara hacer malabarismos de sentido para completar ese ciclo que se cumple en todo texto. Para que un narrador logre algo así, es fundamental conocer el lenguaje, un proceso que no se enseña, pero que sí se aprende. Así es que Sergio escribe narrativa: bajo las operaciones de la poesía.
Que no se malentienda: Dicen que los dormidos tiene mucho que decir, pero más que crónica de la violencia en Puerto Rico, lo que importa es ese lugar dolido de enunciación del narrador, Luis, desde donde vamos mirando las otras vidas que pueblan este universo narrativo. O sea, lo que sabemos de los demás personajes, viene focalizado por un narrador en primera persona que, de paso, utiliza la instancia gramatical de la segunda persona singular. Las novelas escritas a un «tú» no pueden ser muy extensas si van a ser exitosas, pero más que eso, aquí hay un recipiente del texto que nos antecede. No es un desdoblamiento de sí mismo y tampoco le habla al lector; le habla a un hermano perdido y nosotros, como voyeristas, observamos y escuchamos. Entrar en las trampas de la segunda persona gramatical y salir ileso es, de por sí, un acierto. Como acierto es pronunciarse desde su lugar social de clase media, probablemente la espina dorsal del país. Desde Buenos días, Tío Sergio, de Magali García Ramis, no creo que haya otra mejor novela que hable tan convincentemente de los que vivimos constreñidos entre dos polos sociales.
Un valor superior que guarda esta novela es la de hacer cosas complejas con suma sencillez. Esto, podría decirse, también es de poetas. La premisa narrativa que da pie a la novela es una anáfora en la realidad puertorriqueña: unos maleantes tirotean a una persona por equivocación. La anáfora, de hecho, es esa herramienta primordial utilizada estilísticamente para contarnos Dicen que los dormidos no es. En la filosofía, la anáfora es el proceso desde el inicio del ser hasta su realización. Así que nada de esto es casualidad en una novela que viene formulada como un Bildüngsroman. Pero la materialidad narrativa se solidifica cuando la persona tiroteada es el hermano mayor del protagonista, que se anula en un estado de coma por cuatro años, y en el proceso afecta a toda su familia, particularmente a Luis. Es un sufrimiento colectivo, sí, pero Luis sufre solo. Al final, es lo único verdaderamente suyo.
Quién disparó y porque lo hizo son las interrogantes que imantan la lectura hasta su consecución para dar paso a la sed de venganza, la hermana fea de la justicia. Es la fuerza que restituirá el equilibrio. Es en ese trayecto que va de la pregunta a su respuesta se resalta, irónicamente, el inmovilismo emocional, representado por el coma en que cae la víctima del tiroteo, y contrastado con la preponderancia que en la novela tienen los automóviles, ese símbolo del sentido de movimiento. De hecho, el ataque contra el hermano de Luis es de auto a auto en una avenida infestada por vehículos de motor. No hay manera de escapar. Los personajes quedan presos de su sentido de progreso y estatura social más evidente: el automóvil. En su tarea de llenar los espacios en blanco, tanto Luis como su hermano conocen a uno de los malhechores, Jariel López, quien ha sido apresado. El otro sujeto es Avelino, hasta cuya residencia logra infiltrarse el hermano de Luis y con cuya familia construye nexos comunicativos. Con Jariel en prisión, la estrategia es vengarse de Avelino. Hacia la resolución del conflicto, y ante la frustración de no poder cumplir su cometido, Luis y su hermano deciden destruir al Honda Civic negro que perteneció al victimario y desde donde se inició el atentado. “Matamos a Avelino allí”, dice el narrador luego de destruir el vehículo. En el momento, las palabras son ininteligibles, incapaces, obsoletas: “Me dices algo que no entiendo”, enuncia el narrador. Anteriormente, cuando el hermano de Luis se lanza a conocer a Jariel en prisión, el narrador nos dice: “Descubres que conversando no se arregla nada”.
Conversar. Hablar en verso.
La víctima y Jariel terminan orando juntos con la ilusión de atenuar una paz y encontrar una respuesta a algo que no la tiene. La oración es la invocación de la palabra en su capacidad transformadora. El hermano de Luis busca rehacerse, como un mito, contestarse como un problema filosófico, y las palabras ni siquiera le dan. “Y qué es lo qué me dices me dices me pregunto hoy y me preguntaré toda la vida”, dice el narrador al final.
Y ahí está la novela de Gutiérrez Negrón: tratar de atribuir palabras a una realidad que lo supera, lo abruma, lo excede. El acto fútil de la literatura. Se trata de la “reescritura de un contrato con el universo”, de tratar de dar orden a un desorden, que reescribir lo escrito, que es como el acto escriturario mismo. Ante la amplitud de tal dimensión, el realismo que sostiene los conflictos humanos en la narración necesita fortalecerse de pasajes oníricos de suma belleza, sí, pero gran valor en la caracterización de los personajes. La novela se torna extrañamente densa –no por ello difícil-, lo que hace el recorrido de esta novela corta una experiencia sostenida en el tiempo. Los sueños, que sabemos son ventanas a la interioridad anímica de los personajes, trabajan Dicen los dormidos como pasajes surrealistas en medio de una escritura que es mayormente impresionista.
Tal vez la realidad es el sueño y viceversa. En todo caso, explicarlo es poquedad. Pero hay que bregar con eso.
Sergio Gutiérrez Negrón se debe, sin cargos de conciencia, a muchas tradiciones literarias que cruzan en su texto, donde las reminiscencias de Manuel Abreu Adorno son inevitables. Junto a Eduardo Lalo, Luis Negrón y Janette Becerra, Sergio se coloca en el lado más despierto de la literatura puertorriqueña. En fin, el triunfo de Dicen los dormidos, más que su reflexión sobre la violencia (que también es un personaje) y sus efectos, es fundamentalmente artístico.
miércoles, enero 08, 2014
manos en la masa
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| Imagen de ThinkStock |
Algunos de mis momentos más felices en los pasados
cuatro años de trabajo académico han sucedido cuando me he descubierto leyendo
un texto académico que repentinamente quiebra la división ficticia entre
interés académico e interés literario y me coge con las manos en la masa en lo
que sea que esté escribiendo al momento, o cuando me ayuda a entender lo que
estoy haciendo cuando hago lo que hago, o, también, cuando me motiva a empujar
un poquito más para poder hacer lo que realmente quise hacer en primer lugar.
Por suerte, y hasta la fecha, siempre ha sucedido cuando me encuentro metido en
un proyecto de novela serio. Así, veinte páginas antes de terminar mi primera novela,
Palacio, descubrí que, aunque mi intención fue explorar la voz, la pérdida, y
la escritura anticlimática, había escrito a la vez otra novela más de inocencia
neoliberal-global (lo cual en sí mismo no es un juicio de valor). Lo mismo pasó
a la mitad de Dicen que los dormidos, que sale este año, y con la que quería
añadirle a la ecuación de voz y pérdida la idea de la violencia colateral, a la
vez que buscaba empujar la segunda persona hasta el punto en el que se fusiona
con la primera y la tercera, pero en la que terminé prduciendo una novela
clasemediera afectada sobre los duros despertares de esa clase en los noventas
y los dosmil. Finalmente,
lo mismo acaba de suceder, leyendo el último libro de Fredric Jameson, mientras
me hallo intentando de escribir una novela cuasi-histórica (Breve relación de la destrucción de las Indias), localizada en algún
lugar entre Faulkner y Phillip Roth:
"Subjectivism is not the most useful reproach here, but rather the facile free association and the ease and speed with which a character can be shown to think when the truly ontological obstacles of objects and otherness have been evaded: a stream of perceptions, thoughts, desires, which are neither telling nor showing, but a performance that purports to offer both, at the same time that the novelist's narrative gets itself continued and then finished off. Such is the omnipresent production of realism after realism, as it lends its motor power to 'serious' literature and the commercial kind alike." (185)
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