miércoles, marzo 26, 2014

buenvivir, una columna

Esta columna fue publicada en el miércoles, 26 de marzo del 2014 en El nuevo día.


En Puerto Rico, la gente que vive del mantengo vive mejor que los que trabajan y pagan impuestos. Eso según una de las entrevistadas en una nota sindicada que corrió intacta de periódico gringo a periódico gringo sobre la convención para los interesados en irse a la Florida el sábado pasado.

Algo similar me comentó hace un tiempo una conocida en un pequeño bar al sur de los Estados Unidos, al contarme que, en los noventa, su familia, después de décadas de esfuerzo tuvo que vender sus carros e hipotecar la casa para poder sobrevivir, mientras que había gente que no tenía que esforzarse para vivir en donde vivían y tener los carros que tenían.

Le pregunté si se refería a los ricos, a los “trust-fund babies” que conocíamos, y dijo que no. Realmente hablaba de los que vivían en el “ghetto” y en los “projects”. Al darse cuenta del desliz hacia la incorrección política, se corrigió: “Sí, también los ricos”.

Recuerdo haberle preguntado si su familia llegó a “caer al mantengo”. Me dijo que no, que hubo suficientes ahorros para vivir durante los tiempos de crisis. “Pero fue duro”, añadió. Con algo de Jalisco, le pregunté que por qué simplemente no dejaron de trabajar, para unirse a las gestas de mantenidos que, después de todo, vivían supuestamente mejor que ellos.

Lo dije por molestar, claro, sabiendo que, al fin y al cabo, esta inquietud clase mediera realmente tiene muy poco que ver con los “mantenidos” en tanto personas. Se trata más bien de que la clase media encuentra su mito fundacional en la idea economico-moral de que el trabajo los librará de la necesidad.

De la necesidad, por supuesto, y de esos otros que viven del mantengo y que tienen el atrevimiento de no perderlo todo, persistiendo, del mismo modo que persistimos todos los demás.

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