domingo, septiembre 07, 2008

otoño, 2: no es él, es otra cosa la que tumba el trago

1.
JotaEle continúa virando el trago. El primero encima de Pé, un segundo encima de quién-sabe-quién. Un rato después, tumba algunas medallas. Lo miro y le advierto. Él me mira y tira de sus hombros. Algo está pasando. No sé si es dentro de él, dentro de Equis, dentro de Uve, o dentro de mí. No sé si tiene que ver con el clima, o la atmósfera, o el universo, o con la revolución religiosa de los átomos. Algo está pasando. De eso estoy seguro. Después de todo, no se supone que estemos aquí. No se supone que los sábados en la noche se visite Río Piedras. No se supone que baje de Caguas para rondar esas áreas, para regresar a Caguas. Definitivamente, hay algo pasando. Y, como confirmación de mi conjetura, nos tropezamos con Otro de los Nuestros, el difunto, que tampoco se supone que esté ahí. Lo sabemos desde un principio. Desde que comienza la noche, sabemos que no es una noche cualquiera. Hay otras cosas funcionando. No sé si es la materia negra, la materia azul, o la materia tutifruti, pero hay algo diferente en el aire. Y esa tensión invisible nos lleva a otros tropiezos, a momentos que no son parte de nuestras rutinas. A saludar gente que no saludaríamos, a hablar con gente con la que no hablaríamos, a permitirle a las once y media pasar sin separar a Lima y Belano.

2.
Dan las cuatro de la madrugada y estoy acá, en la laptop, y mis dedos insisten en que las esferas se atraen. Dique vociferan en voces lejanas. Dique vociferan en voces distintas. Instan porque no pueden sumergirse ya, porque ya no hay perilla que virar, ni llave que torcer; explotan como pequeños Hiroshimas Enlatados y lo único que puedo hacer es concluir este escrito y cerrar los ojos, para que el cansancio los colme.