lunes, septiembre 22, 2014

"Para despistar", reseña de Guaya Guaya de Rafael Acevedo

Para despistar, reseña de Guaya guaya de Rafael Acevedo.
Hoy en las noticias, Crítica de Libros, Radio Universidad de Puerto Rico



Sergio Gutiérrez Negrón

Justo a la mitad de la novela Guaya guaya, de Rafael Acevedo, los medios de comunicación reportan que un comando de terroristas nacionalistas ha tomado el Banco Popular de la Avenida Barbosa, y que exige la liberación de los presos políticos a cambio de los seis clientes que tiene de rehenes. Pendientes a la televisión dentro del banco, los tres asaltantes inmediatamente se comunican con el sargento de la policía, para decirle que nada de lo que se ha dicho es cierto, que simplemente intentan asaltar el banco. El sargento se disculpa, informándoles que no es periodista, sino policía, de modo que no hay nada que pueda hacer al respecto. De ahí en adelante, como lectores, sabemos que las cosas sólo pueden terminar de una sola manera: terriblemente mal.

Pero, quizás, podríamos decir que eso no importa. Después de todo, aun si Wiso, El Flaco, Yaquichán y Maripili, los tres asaltantes y su cómplice, logran llevar a cabo el atraco, sólo lo harían con una decena de miles de dólares que no les alteraría tantísimo la vida. También podríamos decir que se lo buscaron, y que sobretodo es culpa de Wiso, que fue quien, "para despistar", como él mismo dice, hace pasar gato por liebre, identificándose como el líder del Comando Armado de Liberación Popular, y diciéndose preparado con dinamitas, granadas y coches bombas. La verdad, si es que en esta novela vale la pena traer tal cosa a colación, es que sólo tienen un par de pistolas, y un amasijo de cartón que han colocado en una mesa y han dicho "bomba".

Guaya guaya, publicada por el editorial La secta de los perros hace ya dos años, es una novela endiabladamente cómica. También, podríamos decir que es una novela-reggaetón. Una novela que en su escritura, en su lenguaje, y en su narración recurre a las formas, a las imágenes, y al lenguaje del género. Sin embargo, al igual que en el reggaeton, la novela intencionalmente se desenvuelve por las superficies. Es decir, en Guaya guaya todo es artificio. Inclusive el narrador, que a través de la novela intenta hacer rimar palabras disímiles, en hacer caber el hastío y la injusticia de lo cotidiano en su "lírica" reggaetonera, jamás lo logra del todo. Es justo en este fracaso de poder rapear la experiencia, de poder hacer caber la totalidad de una realidad frustrante en la lírica reggaetonera, o en cualquier forma literaria, en el que encontramos la aportación más importante de Rafael Acevedo. Poeta al fin, el autor ha escrito un libro que, porque busca decir algo acerca de la injusticia estructural de nuestra sociedad, es incapaz de hablar en serio, como si quisiera decir que para hablar de política, fuera mejor reír.



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